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A todas las Polas… ¡Gracias!

Young woman with a raised fist protesting in the street

Las últimas dos semas de noviembre estuve de viaje en lo profundo de la Cordillera de los Andes al Suroccidente de Colombia.

Aunque he realizado muchas misiones a la ruralidad de Colombia, confieso que esta vez me sentía en “otra dimensión” (no nombraré el departamento ni los municipios que visité, en primer lugar, porque no es el foco de este relato, y en segundo, porque no quiero poner en riesgo a las maravillosas mujeres que conocí en estas geografías).

Lo que sí les puedo decir es que son lugares en donde reina la violencia, el Estado es casi inexistente; el territorio, las personas, pero, sobre todo, los cuerpos y las vidas de las mujeres son dominadas por dinámicas de violencia, explotación sexual, discriminación, racismo, degradación, y una abrumadora falta de oportunidades.

Allá, la cedula de ciudadanía no sirve para nada, el grupo armado presente en la zona carnetiza a la población (segregándola arbitrariamente) y es éste, el “actor armado de turno”, quién decide quiénes y cómo se pueden desplazar en el territorio.

La población ha experimentado, a lo largo de los años, los más altos y alarmantes niveles de crueldad y explotación. Literalmente, las mujeres son ciudadanas de “segunda categoría”. Ser mujer es realmente “no ser” (no ser persona), si eres una, tus movimientos y pensamientos, pero sobre todo tu esencia es permeada por una cultura ultraviolenta, en la que las mujeres somos el “botín de guerra” de una sociedad degradada por el negocio de la coca y las absurdas dinámicas de poder.

El haber habitado por unos días estas geografías ha sido una experiencia transformadora. Tuve muchos sentimientos encontrados: rabia, impotencia, tristeza… mucho, muchísimo dolor; y sin embargo, también experimenté esperanza, admiración y sobre todo una inmensa gratitud… gratitud por ellas: a las que yo decidí llamar POLAS (en honor a una de las mujeres más extraordinarias que ha tenido Colombia: Policarpa Salavarrieta).

Allá, en la “otra Colombia”, tuve la inmensa fortuna de conocerlas (a ellas… a las Polas de este siglo), me encontré con mujeres MARAVILLOSAS, mujeres que, a pesar de todas estas violencias, han sido, son y seguirán siendo unas LUCHADORAS incansables.

Compartí con mujeres que a diario luchan por sus derechos, sus familias, sus territorios y su feminidad.

En una sociedad en la que las mujeres no tienen poder de decisión sobre sus propias vidas, conocí mujeres que, contra todo pronóstico, estudian, trabajan y son su propia fuente de ingreso (un acto de absoluta rebeldía en estas zonas del país).

Hablé con mujeres que decidieron ser madres (cuando quisieron, y no a los 14 años como la gran mayoría), otras mucho más arriesgadas que decidieron decir NO a la maternidad (en un territorio en donde la “utilidad” de la mujer es sólo tener hijos), me encontré con mujeres sensibles, carismáticas, emprendedoras, súper optimistas y VALIENTES (ellas se enfrentan todos los días a los actores armados, alzan la voz reivindicándose como mujeres (o más bien como personas), a pesar del riesgo diario que corren de perder su vida sólo por decidir “ SER MUJER” y hacer valer el tan esquivo derecho a no morir.

Todas ellas son FEMINISTAS (en mayúscula y en negrilla, porque al escuchar las historias de estas mujeres pienso ahora lo fácil que es ser feminista en Bogotá, Washington o París… y lo tremendamente difícil que es serlo en estos territorios olvidados, desolados…).

El 14 de noviembre se celebró el Día de la Mujer Colombiana. Se escogió este día para hacer homenaje a las mujeres del país, porque el 14 de noviembre de 1817 fue asesinada Policarpa Salavarrieta Ríos. Hoy quiero agradecer infinitamente a todas las Polas, a las de “nuestra época”, en particular a las VALIENTÍSIMAS MUJERES que conocí en la “otra Colombia”, y también a todas esas mujeres (para muchos completamente invisibles) que a diario cumplen la heroica tarea de ser mujer en latitudes en donde al parecer sólo la vida “algunos” es la que vale.
…A TODAS las Polas ¡GRACIAS!… ¡INFINITAS GRACIAS!

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