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Abrazar el fracaso para poder abrazar el éxito

Estamos viviendo un tiempo único y cambiante que nos desafía a diario. Desde nuestra vida personal, la forma de relacionarnos, nuestros trabajos, hasta cómo nos exponemos 24/7 en lo digital.

Lo privado es público y lo público, doblemente juzgado. Es normal que nos sintamos a veces fuera de control, como si el fracaso se nos subiera por las piernas y nos llegara al cuello listo para hundirnos en el lodo más asqueroso y espeso.

Pero esta no tiene que ser nuestra situación personal e individual; que la veamos en el mundo no significa que tengamos que asumirla y hacernos dignas de un juicio colectivo sobre lo que está bien y está mal.

Hoy más que nunca, escuchamos hablar sobre depresión y ansiedad. También, más que nunca, se nos exige ser altamente competentes en un mundo de improvisaciones y generaciones que evoluciona cada segundo. Es por eso que hoy, más que nunca, está bien parar y decidir soltar todo lo que nos ata: “ser buenas mujeres”, “ser buenas profesionales”, “ser competentes”, “ser exitosas”, “tener una carrera” o “SER ALGUIEN en la vida”.

Queridas amigas: ya somos “alguien en la vida” solo por el hecho de estar y respirar.

El fracaso y el miedo son dos caras de una misma moneda, no puedes tener uno sin el otro y viceversa. Es por esto que, cuando intentamos NO fracasar, olvidamos que no podremos experimentar la satisfacción del éxito sin haber experimentado la sensación de fracaso.

Hago esta breve explicación pues sé que todas tenemos un miedo latente de fracasar; es como si, al nacer, nos hubieran puesto una etiqueta en la frente que decía “serás perfecta en todo lo que hagas o no serás” o qué sé yo.

El caso es que, por querer inconscientemente cumplir con ese estandar ajeno socio-cultural del “no fracasar” o de “ser exitosas”, nos cohibimos, sufrimos, crecemos con una predisposición de no ser suficientes o, como decimos coloquialmente, de que “nos falta pelo pa moña”.

Hoy vengo con estas letras y con fuego en mi estómago a romper con esa creencia y a pedirles que nos levantemos en nuestra identidad de mujeres únicas y listas para el mundo que vivimos, con un a premisa: bajo nuestros propios estandares de éxito.

Hoy las quiero invitar a que superemos el miedo al fracaso sabiendo quiénes somos, reafirmando nuestra identidad y autoestima.

Finalizo con una reflexión personal porque sé que siempre hay alguien necesitando escuchar tu historia, vulnerable y real, para levantar su vida: “Es un alivio para el alma caminar confirmando cada día que NO soy por lo que hago o dejo de hacer. Que allá afuera existen más coaches, seguramente más talentosos, miles y millones de personas más entusiastas, felices, creativas y todo lo que pueda yo imaginar, lo importante hoy es saber lo que conecta conmigo: qué es ese algo que me hace única, mi esencia; sin competencia, sin envidia y sin afán. Los estándares de tu éxito los pones tú”.

Gracias a  Brooke Cagle por la imagen tomada de unsplash.

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