Lo que no nos han dicho de...Mínima

Acosos, abusos sexuales y alcohol

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Este artículo surge de la necesidad de contar casos de abusos cada vez más cercanos.

Muchas veces los vemos de lejos, los escuchamos, los vemos del otro lado de la pantalla, pero cuando nos tocan de cerca no hay manera de huir, están ahí y solo hay dos opciones, o hablas sobre ellos, o te arropas entre el dolor y el silencio… las dos son igual de válidas, pero solo una de ellas pondrá al descubierto al abusador o la abusadora.

Estas son las historias de Juana, Martín y Pía, 3 jóvenes con caminos de vida absolutamente diferentes, pero con algo en común: han sido acosados y abusados bajo los efectos del alcohol.

Cuando hablamos de abuso, muchos aún tienden a pensar que es algo discutible. Estamos acostumbrados a que, como sociedad, el abuso se da por: “cómo iba vestida o vestido”, “con quién se la pasa”, “cómo camina”, “es que llevaba escote”, “es que le dio mucha confianza”, “eso les pasa por rumberos”, “fue su culpa, por ser tan amable”, “se pasó de tragos, quién la manda”.

En muy pocas ocasiones se escucha “es que se encontró con un amigo que la violó”, “es que abusaron de ella cuando caminaba en una calle” o “es que se quedó tomando con el resto y vilmente amaneció abusada”.

A pesar de que hoy en día estas dinámicas están cambiando gracias al grito desesperado de miles de almas que hemos entendido que un abuso no se puede minimizar, ni reducir, ni silenciar, los casos de abuso siguen existiendo más cerca de lo que imaginamos.

Juana

A Juana la sorprendió el abuso sexual por parte de un conocido, a quien una de sus amigas de ese momento le había presentado.

Él fue sutil, la invitó a una cerveza y ella aceptó, al final “era un buen tipo y amigo de mi amiga”, dice ella.

La cita se extendió al apartamento, Juana aceptó al ver que el padre del abusador estaba en casa. Se hacía tarde.

Juana avisó a sus padres que se demoraría… Juana siguió tomando… Juana se emborrachó… Juana perdió la conciencia… Juana despertó desnuda, con su abusador encima, diciéndole que todo estaba bien.

Era de madrugada, Juana estaba en shock, pero no salió de esa casa hasta que se pudo parar.

Juana se juzgó por años de la forma más cruel posible, justificó lo que le pasó por tomar con un desconocido, por aceptar las cervezas, por ir a su casa, por perder el conocimiento…  solo hoy Juana sabe que, al no haber consentido esa relación sexual, no estuvo bien, como le dijeron, y tampoco fue su culpa.

Martín

Martín siempre fue un ‘pelao’ de muchos amigos, entrador, inteligente, buen parche. Era muy cercano a sus compañeros de clase, entre ellos aquel que un día le confesó un gusto especial por él.

Martín lo agradeció, le dejó claro que sus inclinaciones sexuales eran otras, pero que su amistad seguiría siendo la misma.

La historia de Juana se repite. Tragos van, tragos vienen, los cuerpos alcoholizados se van a casa de quien Martín consideró su amigo y al otro día se despierta con la ropa mal arreglada, desorientado, sin signos de violencia sexual, pero, en definitiva, con signos de tocamientos y acercamientos que él, en su borrachera, jamás consensuó.

La historia termina cuando el acosador, y posible abusador, dice que no fue su culpa, que ambos se buscaron eso y que ese era el resultado.

Pía

Pía es casada hace un buen par de años, se caracteriza por ser una mujer de carácter fuerte, conocida en su universidad por ser una muy buena estudiante, compañera y amiga. Aunque siempre fue de pocos amigos, siempre decía que sabía escoger muy bien a sus amistades.

Una tarde, Pía decidió encontrarse con quien era su amigo de la universidad. Él siempre tuvo un bajo perfil, no era alguien que sobresaliera más que por su sonrisa a medias y su voz tenue al hablar.

Como en las historias de Juana y Martín, Pía se tomó un par de cervezas y luego vino la invitación a la casa de quien era su amigo.

Confiada, fue. Era su amigo.

Como lo escribí en uno de mis artículos anteriores, ¿qué de malo le podría pasar con un amigo?

Los tragos se subieron más de lo que Pía hubiera querido y, al igual que Juana, solo se vio de repente en una situación que le comprometió su cuerpo y su ser. Se vio desnuda, vulnerada, confundida… culpable.

El agravante acá fue confiar en un amigo…

Hasta este momento Pía solo ha sido capaz de contarle esto a dos personas. Han pasado un par de años y, aún con lágrimas en los ojos, recuerda esa noche de terror.

Según la RAINN (Rape, abuse and incest national network – Línea de Ayuda Nacional de Asalto Sexual de los Estados Unidos), “Forzar no siempre se refiere a una presión física. Los(as) agresores(as) pueden utilizar la coacción emocional, el poder psicológico o la manipulación para intimidar a que la persona participe en actos sexuales sin consentimiento”.

Esto quiere decir que el acoso y el abuso sexual, aunque quieran disfrazarlos de actos consensuados, o minimizarlos con excusas como “los dos estábamos tomados”, “los dos nos besamos en un inicio” o “ella -o él- nunca dijo que no”, ¡NO DEJA DE SERLO!

A menudo, la mayoría de los(as) agresores(as) conocen a la persona.

Aproximadamente siete de cada diez asaltos sexuales son cometidos por un(a) conocido(a) de la víctima. A veces se usa el término ‘violación sexual ocurrida durante una cita o encuentro social’ (date rape) para referirse a la violación sexual por parte de un(a) conocido(a).

Los(as) agresores(as) pueden ser alguien con quien la víctima estuvo de acuerdo en salir en un principio, pero también pudiera ser un(a) compañero(a) de clases, vecino(a), el(la) amigo(a) de su pareja o cualquier otra persona conocida” (Tomado de la página web, RAINN en español).”

Lo cierto de esto es que nada, absolutamente nada, debe justificar el hecho de ser acosado y abusado sexualmente. Así el abusador (o la abusadora) se justifique en que la víctima aceptó tener relaciones antes, o en que se besaron antes o hubo alguna clase de acercamiento físico anteriormente; ninguna de las anteriores es una carta abierta a acceder a otro sin el debido consentimiento.

Photo by Mihai Surdu on Unsplash

Si usted ha sido víctima de violencia sexual, puede comunicarse para solicitar ayuda y acompañamiento en las siguientes líneas a nivel nacional:

  • *Línea de Emergencia Inmediata:  123
  • *Línea ICBF:     141
  • *Línea Fiscalía:    122
  • *Línea Orientación a mujeres víctimas:   155
  • *Línea Psicológica:     106
  • *Migración Colombia:    01 8000 51 04 54

Si usted reside en Estados Unidos, puede acudir a la organización RAINN, a través del siguiente link.

https://www.rainn.org/es

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