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Adolescente a los 34

Hace un tiempo, mientras sostenía una conversación con una colega de mi trabajo anterior, escuché las siguientes frases: “renuncié, me pusieron más trabajo y vivía muy estresada. Eso no era bueno para mí y no quiero vivir así”.

Sus palabras me generaron una gran reflexión que quiero compartir.

Distinto a lo que se imaginarán muchos, no juzgué su decisión. Al contrario, me conecté con mi adolescente interior y recordé ese fresquito de la rebeldía de esa época en la que todo el mundo adulto es desconocido y aburrido, y se quiere explorar rompiendo todos los esquemas. Recordé la libertad de expresar ese ‘NO’ adolescente lleno de energía y determinante.

Inmediatamente después, pensé en cómo es que me había yo desconectado tanto de esa adolescente que hoy muchas veces no podía usar esa palabra sin satanizarla y sin vergüenza… Un NO es una palabra que uno debería invocar más seguido en su vida adulta, para poner límites -como mi excolega-, o simplemente para atreverse e ir más allá de ellos.

Ese ‘no’ adolescente que impulsa -por ejemplo- a ser coherentes con nosotras mismas, a tener que buscar espacios nuevos, o amigos, cuando aprendemos a decirle adiós (otra forma de NO) a los que ya no vibran en la misma frecuencia o no nos aportan.

En mi experiencia de autoconocimiento, he aprendido que todas las personas (hombres y mujeres) tenemos cuatro arquetipos: el de la niña, el de la adolescente, el de la adulta y el de la anciana. Todos y cada uno de ellos habitan en nosotras siempre, poseen características distintas y esenciales para nuestra experiencia en la Tierra.

Pero hablemos de la adolescente. Ella está presente cuando exploramos, cuando salimos de nuestros límites, cuando innovamos y cuando decimos ‘NO’.

En concreto, ella:  

  1. Es arriesgada y siempre sale de su zona de confort.
  2. Le gusta sentirse libre, viajar y explorar, ¡si es desconocido mejor!
  3. Tiene el deseo de buscar su felicidad, es astuta y ágil para decidir.
  4. Dice que no sin pensarlo, es leal con sus emociones y pensamientos, así los demás lo vean desatinado.

Aprender a decir no y conectar sanamente con mi adolescente interior ha sido para mí un trabajo de sanación vital.

Crecí en un contexto represor y considero que arriesgarme más y explorar más en esa etapa, así como poder decir NO en dosis más altas, a ciertas costumbres o imposiciones, habría permitido trabajar mi adolescente de forma distinta.

Inspirada en mi colega (héroe), en estos días he sido la persona que dice: “no quiero”, “no como”, “no me gusta”, “no me nace”, “no alcanzo a cumplir con todo al tiempo”. No quiero decir que sí solo por evitar problemas… y creo que es la cuota de mis ‘no’ pendientes en la adolescencia.

Hoy quiero invitarlas a que seamos un poco adolescentes y digamos NO cuando toque.

Al ‘NO’ hay que perderle el miedo, volverlo aliado y representante legal de muchas cosas de nuestra vida. Primero porque, un NO bien dicho, cuando te están irrespetando, te reivindica y, segundo, porque también te pone en un lugar de merecimiento y amor propio que nadie más te va a dar, solo tú.

Vamos a sanar a la adolescente, aunque implique quedar mal y de pronto digan “cómo has cambiado, antes eras más calmada” -o, incluso, «eres una dictadora”-, lo que ellos no saben es que cuando decimos NO somos una adolescente sanando y una adulta que sigue aprendiendo a perderle el miedo a poner límites.

Las invito a que hoy salgamos a hacer algo para conectar con nuestra adolescente… por ejemplo, decir no a trabajar luego de las 5 p.m., sentir el fresquito liberador de retar el sistema y dejar botado todo. Revisemos qué sueños tenemos pendientes, si hay un viaje para hacer, un peinado para intentar o un corte nuevo… ¿quieres hacer una lectura nueva pero no es del estilo que siempre lees? ¡Siéntate y haz tu plan de acción, establece la fecha y hora para hacer realidad esos sueños!

Liberemos amorosamente a la adolescente usando esa prenda que a todos les parece feísima pero que a nosotras nos encanta; seamos políticamente incorrectas y propongamos cosas «arrebatadas» a nuestras parejas; seamos vulnerables y libres, y, sobre todo en estos días, volvamos a decir NO a lo que nos incomoda, a las reglas que no nos llenan… sin dramas (no todo de la adolescencia hay que traerlo), pero aprendamos a decir NO para cuidarnos, estableciendo límites sanos, como un acto de amor propio.

En mi caso, para ciertas cosas ando siendo adolescente a los 34 años y si que me ha gustado, ¡inténtenlo!

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