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Las brujas de ahora

El término «bruja» tiene un largo y complejo recorrido en la historia de la humanidad y por supuesto posee un espacio especial y seductor en la mitología de las grandes y más antiguas civilizaciones. La historia de este misterioso, mágico y femenino personaje es mucho más impresionante y complejo, ya que también está lleno de ignorancia y de etiquetas injustas que catalogan a las brujas en occidente como las vemos a veces en las películas, esa anciana de nariz grande, sombrero puntiagudo, fea y, sobre todo, malvada.

La historia de las brujas se lleva elaborando desde épocas atrás, empezando desde el mundo antiguo, en la mitología griega, con hechiceras famosas como Cirse y su sobrina Medea, quienes convertían a los enemigos en animales. Con la Sacerdotisa Isis se amplió la imagen de la bruja, ya que Isis se convirtió en una de las más grandes sacerdotisas de la historia; ella, quién con su energía sexual de creación revivió a Osiris y a Ra, los masculinos poderosos y gobernantes del Antiguo Egipto.

Así, vemos cómo las mujeres han estado en todos los sucesos de la historia interviniendo y guiando, pero sobre todo exponiendo su autenticidad y magia, cambiando la vida de quienes las rodean.

A pesar de esto, el estereotipo de bruja tiene connotaciones oscuras, y ese concepto fue el que adoptamos en su mayoría por la influencia de Europa del siglo XVI y siglo XVII cuando se llevo a cabo la mayor y más despiadada cacería de brujas, que, como consecuencia, dejó símbolos prejuiciosos y misóginos, que nutren el inconsciente colectivo y se alimenta de las creaciones de varios artistas que, atraídos por los misterios e historias de las mujeres enjuiciadas en Europa, llamadas brujas, dejaron en su arte obras simbólicas como la de Goya en la pieza los “ Caprichos” de 1.799, dedicada a representar los males de la sociedad a través de mujeres brujas, duendes y demonios.

Aunque para algunos lo que se cuenta de las de las brujas y la misoginia hace parte de la fantasía, la historia si sabe que existieron (vayan a ver la exposición online “Witches and wicked bodies”) y, aunque muchos no se han dado cuenta de que este tipo de discriminación si cala en nuestro inconsciente colectivo, hemos escuchado decir o hemos dicho “bruja” para atribuirle a una mujer una actitud negativa, siniestra, y, si se quiere, se usa con la intención de ofender.

Para despejar el terreno de la discordia con este tema, y antes de que una u otra abuelita se desmaye al leer este artículo, y diga que promuevo la hechicería, lo que hago es humanizar y reconocer, como parte de la historia del género femenino del cual hacemos parte, la historia de estas mujeres perseguidas y enjuiciadas por ser ellas, la mayoría, perseguidas, desterradas y maltratadas entre 1.550 y 1.630. De esta manera, he recolectado, de varias lecturas, una descripción, para que entendamos que, de alguna forma, sin querer o queriendo, nosotras también podríamos ser “brujas”.  

Las brujas eran las mujeres libres, que no se regían por los parámetros de la sociedad de su época, eran verdaderas cómplices y amigas entre ellas, mujeres que conocían su cuerpo y valoraban el poder de las plantas para sanar y que además comprendían su unión con los animales y los honraban. Llamadas también «iniciadas», chamanas, gitanas, sacerdotisas, ancianas o pitonisas, estas mujeres fueron elegidas para compartir la sabiduría del Universo, de generación en generación, por su capacidad de albergar y generar vida.

Las brujas de ahora, como aquellas, creen en ellas mismas, son capaces de sanar al mundo desde el poder de la intención y siembran propósitos para la comunidad, sus poderes están basados en la fuerza magnética de atraer lo que sueñan, sin intervenir materialmente a ningún individuo o situación.

Las brujas de ahora volvieron con la sororidad y con el poder de sanarse, reconociéndose auténticas, lindas, bellas y sabias. Además, son las iniciadoras de grandes transformaciones y salen a defender el derecho a expresarse sin ser agredidas, puesto que la época de la persecución concluyó en el año 1630 (por si a alguna institución se le olvida).

En esta época de grandes transformaciones sociales, es fundamental honrar a estas brujas, a las magas y sabias que todas llevamos dentro, y así aportar al cambio de conciencia que estamos viviendo como humanidad y sociedad, siempre recordando lo importante que es creer en nosotras, nutrirnos de manera sana, cuidar la mente y el espíritu con meditación, mantener el pensamiento positivo y aprendiendo siempre algo nuevo, nuestro mejor elemento como brujas es expresar nuestra feminidad con sabiduría y solo recordar que, como dice la canción de la agrupación de La Perla… «mama a mí me decían la bruja, no la va a tumbá».

Photo by Gemma Chua-Tran on Unsplash


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