colaboracionesUn brindis por...Vital

Cinco madrazos* que me di, luego de ser mamá

*Madrazo: entiéndase como golpe o caída fuerte.

El Día de la Madre en mi casa era complicado. Siendo que mi mamá murió tan joven, y que dejó tanto vacío en nuestro grupo familiar, siempre fue una fecha así, complicada.

El Día de la Madre, en general, nació así también, de forma complicada, y sus orígenes se dieron en manera de protesta. Ann Maria Reeves Jarvis fue una activista social, que nació en Estados Unidos a finales del siglo XIX. Ella, y su hija que llevaba el mismo nombre, fueron las responsables por la celebración del día de las madres en los Estados Unidos, celebración que llegó a capturar el interés del público de cientos de países que hoy celebran la fecha también.
Durante la Guerra de Secesión, Jarvis cuidó de muchos heridos y su idea era organizar un Día de las Madres como protesta pacifista en contra de la guerra. Este esfuerzo escaló, al punto de que mujeres como Julia Ward Howe, reconocida feminista y sufragista norteamericana, escribió, tiempo después, una emotiva y elocuente declaración del Día de la Madre, en la que instaba a todas a oponerse a cualquier conflicto bélico que pusiera en las trincheras a sus hijos.

La fecha de la muerte de Jarvis se convirtió en una celebración nacional a favor de una madre consciente y pacifista, pero, como todo, no paso mucho tiempo para que la idea general del día de las madres se corrompiera a favor de religiones, floristas, joyeros y chocolateros. Con el tiempo, el día de las madres se convirtió en la antítesis de la intención de sus orígenes.
En mi hogar todos celebramos el Día de la Madre, así como el Día del Padre. Hoy ese día ya no es un día complicado, sino un día feliz para mí, y me atrevo a decir que mis gemelos lograron convertir la tristeza que sentí por tantos años, en este día, en júbilo y plenitud. Como con todo ese tipo de fechas, ahora comerciales, no compramos regalos caros ni exclusivos, pero sí dibujamos tarjetas, compramos postres y flores. Desde hace ya varios años, y gracias a la ayuda de amigas, madres (y no madres) conscientes, me he enriquecido con mucha lectura feminista sensata, y en este artículo, dedicado al Día de la Madre, quiero dar luz a varios conceptos y realidades, que hasta mucho después de ser mamá entendí y aprecié.
A continuación, les presento los cinco golpes, o madrazos, que me di luego de ser mamá, y sus consecuentes lecciones:

  1. El postparto o puerperio es personal e intransferible: Así como en el título del clásico film de los años sesenta, “El bueno, el malo y el feo”, el ser madre es algo maravilloso, pero también tiene un lado oscuro y difícil con el que tenemos que convivir. Por ejemplo, en una cosa tan básica como el posparto: en algunas sociedades actuales se nos permite vivir el posparto o puerperio en casa, durante los meses que -supuestamente- dura, que dicen ser de 6-8 semanas. El tema es que, uno, ni el posparto real dura eso, dos, ni es definible o generalizable, y tres, ni su consideración es un derecho adquirido aun en muchos lugares del mundo. La amplia mayoría de las trabajadoras a nivel mundial – alrededor de 830 millones – carece de suficiente protección de la maternidad, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), cosa que solo hace visible la desigualdad que nos ha sido impuesta por la sociedad. En términos emocionales y biológicos, la psicóloga y autora argentina, Laura Gutman comenta: “Personalmente, considero que el puerperio, en realidad es el período transitado entre el nacimiento del bebé y los dos primeros años, aunque emocionalmente haya una diferencia evidente entre el caos de los primeros días, la capacidad de salir al mundo con un bebé a cuestas o el vínculo con un bebé que ya camina. Estos dos años tienen que ver con el período de completa “fusión emocional” entre la madre y el bebé, es decir, con la sensación de la madre de vivir dentro de las percepciones y experiencias del bebé, sintiéndose “desdoblada física y emocionalmente”. Yo, personalmente, estoy de acuerdo con esto, con la pequeña diferencia de que esa fusión emocional (y casi física) la sentí hasta mucho más allá de los primeros dos años de haber nacido mis hijos. Cuando mis hijos lloraban, ya entrados sus 3 años de edad, yo sentía como se encogía mi útero -físicamente-, causándome mucho dolor. ¿Percepción? ¿Realidad? No lo sé, pero esto me causaba tanta angustia como dolor físico, y no quiero saber lo que una mamá, que debe dejar a su hij@ a los pocos días o semanas de nacid@ -al no tener los beneficios de un posparto en regla- debe de sentir.
    Lección aprendida: Nadie puede definir lo que es realmente el posparto, ni cuánto dura, ni cómo afecta, sino cada madre.
  2. La violencia obstétrica no solo existe, sino que está totalmente normalizada: Hasta que mi amiga Maria Adelaida no me presentó el trabajo de la maravillosa escritora y periodista española, Esther Vivas, y devoré varios de sus textos, no caí en cuenta de que yo había sido víctima de violencia obstétrica. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la violencia obstétrica es aquella que sufren las mujeres durante el embarazo o el parto, al recibir un maltrato físico, verbal, o procedimientos médicos coercitivos o no consentidos. En mi caso se vio traducido en dos prácticas. La primera es que fui forzada a tener una cesárea, ya que decían que era la práctica más segura sin darme mayor explicación que eso (y tristemente nunca pregunté más). La segunda, y la que más rabia me da – aun hoy en día-, es que, luego de que mis gemelos nacieran, fueron separados de mí por casi 24 horas, ya que debían ir a las incubadoras. No pude tenerlos conmigo más de treinta segundos después de nacer, y luego estuvieron sin mí hasta el día siguiente. Cabe decir que mis hijos no nacieron con ninguna enfermedad, ni urgencia, solo fueron algo prematuros, y estoy segura de que hubiesen podido beneficiarse de un poco más de un tiempo conmigo, pero también estoy segura de que toda esa situación responde a esa maldita cultura de productividad tóxica en la que vivimos, en donde importa más el funeral que el muerto.
    Lección aprendida (con lágrimas, rabia y culpa -aunque esta no sirva de nada-): He debido leer más a Bert Hellinger y sus conceptos sobre la necesidad de mantener a los niñ@s con sus madres al nacer el mayor tiempo posible. Eso me hubiera motivado a pelear más para que me dejaran verlos antes, y a ser menos obediente y abnegada con ciertos doctores.
  3. Tus hij@s son únic@s y eres la mamá perfecta para ell@s: En este último año tuve que vivir un difícil episodio con mis hijos, para el cual -claramente- no estaba preparada. Esta experiencia me cogió no solamente desprevenida, sino totalmente desconectada de mi misma. Cuando mis hijos comenzaron a presentar los primeros síntomas de anomalía, comencé a buscar ayuda en todas las personas a mi alrededor; en médicos, psicólogos, familiares y amigos, hasta vecinos, pero jamás me detuve a pensar qué era lo que YO creía que era lo más conveniente para ellos. Tuvieron que pasar muchos meses, y recibir muchos consejos, y un igual número de insensateces, para darme cuenta de que YO sí sabía lo que mis hijos necesitaban; solo no quería verlo. Como mujeres, nuestra conexión con nosotras mismas es tan rara, tan dual, tan voluble. Si estamos en una calle oscura, caminando solas, inmediatamente y sin cuestionar nada, hacemos caso a nuestra intuición, a nuestros sentidos (hasta los no reconocidos). Estos sentidos se activan intensamente; cogemos las llaves del coche para prepararnos a usarlas en defensa propia; caminamos más rápido, usamos todas las herramientas psicoemocionales y hasta físicas con las que nacimos para nuestro propio beneficio; pero cuando tenemos una situación como en la que yo me encontraba, en donde mis hijos estaban presentando un cuadro psicoemocional que yo no lograba entender, tuvieron que pasar muchos meses, para poder darme cuenta de que la respuesta la tenía yo misma.
    Lección aprendida: Antes de buscar respuestas afuera, voy a buscarlas adentro primero. La conexión conmigo misma es un superpoder. Punto y aparte.
  4. Somos, antes que nada, mujeres, luego madres: Creo que, en los dos primeros años de mi maternidad, se me olvidó que yo era mujer antes de ser madre. En ese momento, y sin entender porqué, todo me pesaba y la vida se me dificultaba. Me había convertido en María Andrea, “la mamá de los gemelos”, y ese título empezó a abrumarme. Mis logros laborales se habían desdibujado y mis gustos personales habían quedado en el olvido. No sé exactamente qué fue lo que me hizo reconectar conmigo misma, pero una vez sucedió me prometí jamás olvidar el orden de las cosas. Hoy me lo repito, y se lo repito a mis consultantes, soy -antes que nada- mujer, persona, individuo; necesito tiempo para mí; necesito tiempo para mis pasatiempos, para mis ideas, para mis proyectos. Si eso está bien, entonces podré ser una pareja y madre paciente, positiva, que valora más el tiempo con su familia.
    Lección aprendida: ¡Pensar en nosotras no es ser egoístas, es ser sabias!
  5. Ser feminista no va en contra de ser madre: Todo lo que voy a escribir sobre este punto, me lo ha enseñado el leer a Esther Vivas, a quien mencioné anteriormente. “Durante siglos, o eras madre o no eras nada”, dice Esther en su libro Mamá Desobediente: Una mirada feminista a la maternidad. Contra esa inamovible realidad, que me revuelve las entrañas, se revelaron las feministas de la segunda ola, las de los años sesenta y setenta, y contra los rezagos de la misma debemos seguir revelándonos las feministas del presente. Nuestra relación con la maternidad es así, complicada -me suena conocido el concepto-; el discurso anti maternal se ha expandido; los juicios de valor sobre la elección de maternar -o no- son pan de cada día (solamente vayan a ver las noticias), y todo eso se lo debemos a esa organización social en la que hemos nacido. En sus escritos, Vivas nos invita a todas las mujeres, madres o no madres, a desobedecer a ese mandato social que ha secuestrado a la maternidad. La maternidad es una cuestión feminista, porque implica el poder decidir sobre nuestros cuerpos. El feminismo debe defender los derechos de todas las mujeres, incluidas las que tenemos hijos si esa fue nuestra elección. Si esto no es así, ¿quién los va a defender?
    Lección aprendida: Yo hice muchos juicios de valor sobre madres, antes de serlo yo misma, y hoy en día me doy cuenta de lo equivocada que estaba, y de lo poco que sabía. ¡¡La maternidad necesita sororidad!! Punto final.

Para terminar, dado que en este Día de la Madre quieran darse una vuelta por ese mundo de madres feministas rebeldes e insumisas; mujeres imperfectas que nos equivocamos todo el día, todos los días, pero que aun así estamos bien, les recomiendo este espacio que cree con mi amiga y socia María Adelaida Arango, llamado Madres Incorrectas. Búsquenos en Instagram: @madres_incorrectas

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