DetoxLos beneficios de...

Darnos permiso para llorar

Es absurdo pensar en tener que pedir permiso para llorar, pero si analizamos un poco más nuestro acto lleno de lágrimas y dolor, en donde el corazón se abre de par en par, la emoción contenida entre pecho y viseras explota por nuestra boca y entonces nuestro rostro empieza a transformarse en continuas expresiones incontrolables, deducimos que este podría ser un acto “privado” o “humillante”, depende de del lugar donde nos encontremos.

-Llorar limpia el alma- decía mi mamá, y sí que es cierto, no solo porque yo misma lo he experimentado y honestamente una buena llorada nos deja como nuevas, sino porque estudios científicos han demostrado que el acto de llorar tiene profundos beneficios físicos que quiero compartir.

Llorar libera toxinas, tensiones que causan el stress y el agobio de la preocupación. Las lágrimas que expulsamos ante estas situaciones nos sirven para eliminar de nuestro organismo las sustancias que elevan el cortisol, la hormona encargada de generar estrés. Incluso, según un estudio de la Universidad del Sur de la Florida, llorar es más efectivo que cualquier antidepresivo y también es muy efectivo para nuestros ojos que se lubrican tras las lágrimas.

El rui-katsu o ‘buscando lágrimas’

El rui-katsu es una terapia japonesa iniciada en 2013 en la que inducen a las personas a llorar por medio de imágenes y películas, con el propósito sacar a la luz todas las emociones reprimidas con las que viven la mayoría de japoneses en un país en donde no está “bien visto expresar las emociones”.

Para ser honesta, esto es algo que me ha confrontado, si bien está claro que llorar es beneficioso para nuestro organismo, ¿por qué es algo que se nos cuestiona en el rol social? O mejor, ¿por qué no lo cuestionamos nosotras mismas?

Es extraño aceptar que se requieran gritos, apretar las manos, incluso golpear el colchón donde a veces la tos hace que nos ahoguemos porque no podemos respirar más para poder eliminar toda la carga que tenemos atravesada en el pecho.

Creemos que la sociedad no nos permite llorar, que no nos permite quebrarnos, que no nos permite perder y así crecemos creyéndonos perfectas, creyendo que si no somos perfectas no servimos, no somos, no merecemos ser… En un completo engaño generado por nosotras mismas.

Es en este punto en el que tenemos que pedirnos a nosotras mismas el permiso para poder ser tan débiles, tan vulnerables y tan humanas.

En serio chicas, quitémonos esa rudeza que al final nadie nos la exige más que nosotras mismas. Al final ya sabemos que sólo las lágrimas limpiarán nuestra alma, quebrarán nuestro orgullo, doblegarán nuestra “fortaleza” y también nos ayudarán a tener una vida más llevadera, libre de tensiones y cargas emocionales que no nos corresponden.

Con amor, Lau.

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