Lo que no nos han dicho de...Mínima

El dinero hace parte de la vida, pero ¿es todo?

Colombia, y en general Latinoamérica, son poblaciones con altos niveles de desigualdad, no solo en lo relacionado con la acumulación del capital en la parte más rica de las sociedades en las que vivimos, sino en la diferencia en los niveles de aprendizaje, educación y experiencia en general (profesional, de viajes al exterior, etc.). Esto se ve reflejado en los datos; según el informe de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para 2029, el 10% del grupo más rico en América Latina concentra el 37% del total de ingresos y el 40% del resto de la población se distribuye el 13% del ingreso regional.


Sin embargo, la prosperidad no es exclusivamente la acumulación o circulación de dinero, o la posibilidad de adquirir objetos útiles (o inútiles), o poder mostrar en cada oportunidad que poseemos elementos de marcas famosas y de buena calidad. La prosperidad no es como nos la han pintado, y sí, en parte tiene que ver con estar cómodos y tener cómo subsistir de manera suficiente, pero nos quedaron debiendo la otra parte de la historia, sobre el cómo tener un pensamiento próspero y libre.

A este gran vacío en el imaginario colectivo quiero tráelas hoy, porque nos han generado varias programaciones limitantes como “tiene mucho dinero, pero no sabe como tratar bien a sus seres queridos”, “es muy humilde, pero es excelente persona”, o también hemos escuchado afirmaciones como: “tiene buena salud pero muy pobre” o “pobre pero honrado”, y como dejar atrás las heredadas de las abuelas que por su contexto las limitaron y luego por herencia nos limitaron a “ de eso tan bueno no dan tanto”.

Si nos fijamos en estas frases, todas están fragmentadas; como si en ellas declarásemos que se puede tener o lo uno o lo otro, pero jamás ser plenas, ser merecedoras o estar completas.


Todas tenemos algo que nos hace falta o que sentimos que necesitamos para sentirnos colmadas. Independientemente de los bloqueos o pensamientos limitantes que tengamos sobre la prosperidad, les propongo abrirse a la oportunidad de decantar el concepto de ésta.

Somos carentes cuando creemos que no nos merecemos lo mejor y que la suerte siempre es de otro. Entiendo que hay experiencias duras y difíciles a nivel económico, en especial en nuestra región, donde, desde el año 2020, por lo menos un 31% de la población ha caído en pobreza. Por lo mismo, es importante eliminar esos pensamientos limitantes impuestos por nosotras mismas a través de la sociedad en la que elegimos estar, entendiendo que la prosperidad empieza en los pensamientos y desde la infancia.


Cuando nos sentimos merecedores de todo lo disponible en el Universo nuestra visión del mundo cambia y el Universo nos responde igual. La principal regla de la prosperidad es el agradecimiento de las cosas que sentimos que son valiosas; eso hace que el Universo entienda que debe traernos más de ello.

La prosperidad consiste en la expansión, más allá de la acumulación de material. El dinero es únicamente un aspecto de ella, y con esto no estoy diciendo que podemos vivir de los intangibles puesto que somos seres terrenales y requerimos lo mismo para poder vivir en este bello lugar, pero no somos solo materia, somos pensamiento y energía también.


Como somos seres de varias dimensiones y composiciones, la prosperidad también se nutre de los diversos elementos que somos. Es bueno entonces ver el dinero como un elemento que está contenido en la canasta de la prosperidad, es un aspecto de lo que forma el significado completo, y no lo es todo. El dinero es un recurso necesario, una herramienta habilitante, es cierto, quién lo podría negar… Sin embargo, no somos solo materia, sino energía y pensamiento.

No soy yo quien lo dice, muchos han hablado en sus investigaciones y prácticas de meditación sobre esto, entre ellos el Doctor Joe Dispenza. Por ejemplo, para sentirse próspero y liberarse de la sensación de escasez, es vital transformar la energía que generamos con nuestros pensamientos y nuestro cuerpo, es importante sentirnos prósperas e ilimitadas.

Para esto es importante trabajar en el subconsciente y practicar todos los días. ¿Cómo salir del discurso que te cuentas y que te define como un ser limitado?La mejor manera de crear una nueva realidad es empezar desde el subconsciente, con entrenamiento mental y meditación.

Pero no me voy a poner mística. El Dr. Dispenza tiene estudios en los que realizó la medición de las ondas del cerebro y corroboró que cuando el cerebro logra ir más allá de los pensamientos automáticos o habituales, puede manifestar nuevas realidades; tanto que el cuerpo, en ese momento, funciona como si estuviera viviendo esa realidad.


Cuando recreamos situaciones o recursos que nos hacen sentir abundantes con pensamiento y emociones, retornamos al pensamiento expansivo de la prosperidad, nos recordamos a nosotros mismos que hay recursos disponibles a nivel espiritual, material, social, etc, y que somos merecedoras de ello; pero, sobre todo, logramos que el cuerpo y la mente se desplacen a un estado creativo que permitirá nuevos estados de éxtasis y conexión cerebral avanzada.


La prosperidad, asegura la coach Ximena Rubio (conferencista en educación financiera e integral), está satanizada. Y es probable que sí, ya que hemos alimentado por mucho tiempo la falsa creencia y el pensamiento limitante de que la prosperidad es sólo dinero y sólo unos pueden acceder a ella; pero, amigas, no es todo, es parte del combo.

Lo material nos permite experimentar, tener momentos maravillosos, alimentarnos y conocer el mundo; pero separar la prosperidad material del pensamiento y la espiritualidad (no es religión), nos limita.

Para comenzar a expandir nuestro mundo y el espectro de la prosperidad, las invito por 21 días a escribir todas las mañanas en un papel con tinta roja lo siguiente: «Yo soy merecedora de todo lo que hay, soy ilimitada»; de esta forma podremos ir diciéndole a nuestro subconsciente que somos ilimitadas y que los recursos internos son igual de vitales que los materiales.

Créanlo o no, me ha funcionado y, de la nada, han llegado a mí oportunidades de esas que decían las abuelas que «de eso no daban tanto».

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