Hablemos de...Mínima

¡Hablemos más de… Café!

Confieso que hace 6 años tomaba café con azúcar, prefería el café instantáneo, no tenia ni idea de lo que significaba: Robusta, Arábiga, Geisha, bourbon… y, como la gran mayoría de colombianos, pedía tinto sin preguntar por el método de preparación, la variedad y menos aún por su origen, y es que, aunque Colombia es un país dependiente de la caficultura, apreciar cafés es un asunto que, paradójicamente, les resulta esquivo a millones de colombianos.

Tuve la fortuna de trabajar en el SENA liderando programas de cooperación internacional que, en su mayoría, involucraban el fortalecimiento de la cadena de producción del café y el empoderamiento de las mujeres caficultoras. Fue allí y después de muchos viajes a zonas cafeteras maravillosas (con paisajes de cafetales que me dejaron sin aliento), charlas con mujeres caficultoras asombrosas (que utilizan el café cómo símbolo de resistencia y pujanza) e innumerables catas y tintos (sin azúcar, porque así es cómo se degusta el buen café) como me enamoré de este producto y como ahora insisto en que este mágico grano debería ser orgullo nacional para tod@s los colombianos (y digo “debería”, porque la realidad es otra).

Desafortunadamente, en Colombia no valoramos el inigualable café que crece en nuestro suelo, el colombiano promedio no sabe de café, no le interesa quién lo cultiva, cómo cuando y de dónde viene, y así como muchos extranjeros no saben que el café -la segunda bebida más consumida después del agua- proviene de una planta, con sorpresa he conocido colombianos que no saben como se ve una mata de café o “cafeto”.

Puede sonar muy cliché, pero debemos volver a lo nuestro: apreciar el café colombiano es valorar el trabajo de millones de caficultor@s que, para producir sólo una libra de café de Colombia, deben seleccionar cerca de 1,900 cerezas o granos (y es que el proceso de este grano, desde la semilla a la taza, es una verdadera obra de arte).

Existen esfuerzos para “culturizar” a los colombianos y al mundo de lo que verdaderamente significa una taza de café. En agosto estuve en Italia en el restaurante donde trabaja el chef colombiano Juan Camilo Quintero (el chef colombiano más joven en recibir una estrella Michelin) y fue electrizante ver cómo en este lugar tan lejano de Colombia, ubicado en las montañas de la Toscana, el último paso del menú concluye con una taza de café 100% colombiano. Lo más emocionante es que a la hora de servir este café llevan a la mesa de los comensales una mata de cafeto natural, todo esto para resaltar el proceso de producción y mostrar con orgullo que la taza que se degusta en tierras italianas proviene de aquella planta cultivada( con mucho esfuerzo y talento) en un país al otro lado del océano: Colombia.

En el mes de octubre ocurrieron dos eventos importantes que, para un país caficultor como el nuestro, deberían haber ocupado los titulares de los principales diarios.

De un lado, el 1 de octubre se celebró el Día Internacional del Café. Por otro, el 27 de octubre, en el Campeonato Mundial de Barismo celebrado en Milán-Italia (la cuna del café espresso y el evento más importante para los que preparan café (baristas) y obviamente para los que nos gusta esta bebida), por primera vez en la historia, un colombiano, Diego Campos, se llevó el título al “mejor barista” del mundo. Es decir que, por si no lo sabían, ahora, además de tener el mejor café del mundo, en Colombia tenemos al mejor barista del mundo.

Estamos llamod@s a ser l@s consumidores del mejor café; debemos apreciar nuestro grano bajo una filosofía y un respeto: el respeto por el café y la filosofía de “admiración por l@s caficultores”. Es por eso que, con este artículo, pretendo incentivarl@s a aprender más sobre nuestro café y, de esta forma, enaltecer el colosal trabajo que realizan nuestr@s caficutor@s (les recomiendo visitar la “Real Academia del café”).

¡Hablemos más sobre nuestro Café! Así como los europeos, chilenos, argentinos y uruguayos nos hablan de vino, conocen su vino y destacan su particular origen, nosotros los colombianos deberíamos conocer de café, hablar de café y sobre todo VALORAR nuestro grano y el talento de hombres y mujeres que día a día, y a pesar de los escenarios desgarradores de violencia que vive Colombia, cultivan este mágico producto.

Por último, l@s invito a que seamos más curiosos, enamorémonos del café, saboreemos conscientemente esta bebida y reconozcamos todo el proceso de transformación que tiene este producto de la semilla a la taza. Pero, ante todo, repito, “hablemos más de café” para que su sabor y aroma se impregne verdaderamente en nuestra cultura: en nuestra identidad.

 Foto de Jessica Lewis en Unsplash

Newsletter
Sé una de las primeras

Regístrate en nuestro newsletter para que siempre estés enterada de nuestras novedades.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *