Un brindis por...Vital

La herencia inconsciente de nuestras madres

madre e hija

¿Te has preguntado de dónde vienes? ¿Cómo era eso de estar en el vientre de tu madre?, ¿Cómo se sentía?, ¿Qué recibías?, ¿Qué escuchabas?, ¿Cómo te formaste? ¿Te sorprenderías si te dijera que tu historia inició mucho antes de eso, incluso desde el vientre de tu abuela? 

Hoy en La dosis XX queremos hacer un viaje al centro de una de tus relaciones más profundas, la primaria, la que nutre, la de los lazos fuertes, la relación con la madre. 

Es importante que, antes de que te cuestiones o juzgues estas letras diciendo cosas como “todo está bien en mi casa”, “yo tengo la mejor relación con mi madre” o “somos las mejores amigas”, te permitas este tiempo para entrar a un texto que te llevará a afianzar más este lazo, o que, tal vez, intentará romper algún cordón umbilical inconsciente, para que abraces tu vida. 

Lo creas o no, tu experiencia de vida no es tuya, tu vives lo que percibes de ella, los patrones o programas que has aprendido gracias a experiencias vividas por tu madre en la mayoría de las ocasiones y otras tantas de tu abuela.

Y sí, es importante irnos hasta la madre de tu madre para comprender que somos una generación que trae una información desde ese tiempo, e incluso, puede que desde más atrás.

Esa información que viene cargada de anhelos, duelos, sueños cumplidos -otros frustrados-, divorcios, quiebras, violencia y éxitos, todo revuelto en diferentes programas inconscientes que vamos percibiendo desde nuestras vivencias.

Ejemplo: cuando tu madre estaba embarazada de ti, tenía una experiencia de vida que puedes desconocer; tenía unos dolores, unos sueños, unas preocupaciones… en fin, vivía algo muy íntimo en sus relaciones, en su feminidad, y también en el mundo externo en el que se desarrollaba. 

Todo eso que ocurría con ella tú lo percibías y lo ibas codificando lentamente como programas de vida. Entonces, si por alguna razón tu madre sufrió un rechazo por su embarazo, tal vez ‘no deseado’, ella tuvo unas emociones que tú ahora podrías también tener con respecto al rechazo y muy probablemente a la injusticia.

Esto es un programa adquirido y que ahora vives como tu verdad absoluta, una verdad condicionada por esa experiencia, la cual vives inconscientemente por guardar lealtades invisibles. 

Aunque en algunos casos toda esta ‘herencia’ puede ser positiva, en otros NO lo es y puede, incluso, perjudicar tu relación íntima, con tu pareja, con tus hijos, con el trabajo, con el dinero, con tu cuerpo y con todo tu mundo exterior… 

No es de sorprendernos que cuando una mujer sufre problemas de autoestima, desvalorización, rechazo, alimentación y odio hacia ella o hacia la vida, tiene o ha tenido problemas con su madre y con su linaje femenino. 

Es por eso que, con este artículo, hemos querido explicarte cómo esta relación va mucho más allá de la sangre, un apellido o una crianza, va más allá de que alguien te llevó por nueve meses en su vientre, esta relación define y potencia todas tus otras relaciones y es, sin duda, de las más importantes (la del padre también lo es, pero hoy no hablaremos de esa).

Por eso, hoy brindamos por ti, por ella (tu mamá), por tu abuela y por todas las mujeres que vendrán después de ti. Para que abracemos toda esa ‘herencia’ la aceptemos y sanemos lo que haga falta.

Tal vez algo de aquí no resuena contigo, o tal vez sí y estés ahora mismo en lágrimas… eso está bien, hay que llorar y sanar, y sobre todo agradecer. 

Tal vez tu relación con tu madre no ha sido la mejor, tal vez ni la conociste, tal vez te abandonó, tal vez murió cuando eras muy pequeña… no sé cuál sea tu historia, pero hoy puedes sanar todo ese linaje y decidir amar y perdonar, por ti y las que han de venir. 

Hoy eres más consciente de lo que te puede suceder y si recibes esta información no es por casualidad, sino porque tenía que ser así.

A tu madre agradécele y hónrala. Te dio la vida y ese es el regalo más grande del mundo. 

Photo by Simon Rae on Unsplash

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