En los zapatos de...Vital

La mujer que admiro

mujer en el espejo

Estamos llamadas a ser las creadoras de nuestra propia realidad. La vida, junto con las condiciones sociales o las situaciones impuestas, nos impulsan a la búsqueda de nuevos conceptos y al desarrollo integral de la feminidad, esto es un ‘no negociable’ para nosotras.

La búsqueda de ideas distintas sobre la mujer y su bienestar alimenta la transformación de un femenino encaminado hacia el reconocimiento de aceptarnos complejas, misteriosas y mágicas.  

Primero, gracias a todas aquellas que buscan acá algo para reflexionar o que tienen un alto grado de curiosidad y desean abrirse a algo nuevo. El propósito de este espacio es responder a un llamado de mi alma y consciencia superior a trabajar por la sanación propia y la de otras mujeres buscando una conexión genuina. Acá compartiremos ideas y herramientas para vivir en libertad espiritual, en bienestar y amor propio.

El amor propio es lo principal para ser libres, no el amor de pareja, familia o amigos, esos fluyen cuando nos amamos de verdad a nosotras mismas.

Del amor propio hablamos mucho y ahora es muy popular, pero no hubo una clase en mi colegio (hace 20 años) que me mostrara la forma de cultivarlo con herramientas concretas y sencillas. 

Lo primero que debemos saber para conectarnos con este amor, es que, como mujeres, tenemos el poder de ser creativas, sensuales, inteligentes, dulces y bellas, todo al mismo tiempo… que no hay por qué ocultar la belleza para ser inteligentes y tampoco debemos ser sumisas para ser aceptadas, y menos debemos dejar de ser emocionales (no me refiero a ser víctimas) para tener éxito en el mundo laboral, o para sentirnos respetadas y que no nos vean débiles. 

Debemos también entender que nuestras mamás o abuelas, nacidas en Latinoamérica, tenían otras prioridades para la crianza y que, aunque con el ejemplo nos enseñaron a ser valientes, también nos mostraron cómo aguantar en silencio, decir las cosas sin decirlas de verdad -o a callarlas-, y ponernos de segundas en la lista de prioridades, porque las necesidades de los demás parecían más importantes.

En resumen, el amor propio no se trabaja con ser «dadoras sin límites», por el contrario, parte de amarnos a nosotras mismas es aprender a decir «NO».

Sin darle la responsabilidad de las imposiciones únicamente al sistema en el que vivimos, y sin el ánimo de culpar a otros -ya que eso no nos permite avanzar en nuestro propósito de liberación-, es lógico evidenciar que la sociedad sí generó ideas, conceptos y etiquetas sobre el «ser mujer», que se incrustaron por hábito, por herencia y sin cuestionamientos fuertes, ni por parte de las mujeres ni de los hombres, en la forma de definirnos.

Con el fin de sembrar este amor, que es incondicional, es importante desocupar la mente y el corazón de tantas ideas y creencias guardadas. El reto es desprogramarnos para desprogramar y reprogramar a las mujeres del ahora y a las que vendrán, para desprenderlas del pasado y cortar con los rótulos… luego, la tarea es buscar un concepto de “mujer” que nos conquiste, que nos haga sentir amadas por nosotras mismas, merecedoras y completas.

En ese sentido, hoy les comparto un concepto de mujer que he venido construyendo y que recomiendo sea tomado como un insumo para la construcción del concepto propio, no como una idea absoluta, al contrario, la invitación es a que experimenten con apertura, que evalúen estas ideas y busquen dentro de ustedes mismas y se pregunten con honestidad: ¿Hay alguna mujer que admire de verdad?

Acá mi propia definición: ser mujer es la oportunidad de experimentarse como el vehículo de la creación, un canal de manifestación de proyectos, ideas y acciones equilibradas que impactan los núcleos sociales en los que nos permitimos, de manera libre, co-crear. La mujer es un personaje compuesto por el cuerpo físico, mental y etérico, en el cual encarnamos en esta vida en la Tierra, en Gaia, un avatar que nos permite desempeñar roles vitales y experimentarnos como hijas, profesionales, empresarias, emprendedoras, madres, abuelas, sabias, magas, guerreras, artistas, compañeras de vida y comunicadoras.

Como ven, es importante entenderse como un ser lleno de brazos para construir-se una definición propia. Entenderse también como la gestora de la liberación de una feminidad impuesta por nosotras mismas y romper así, de una vez, con ese sistema dual y de separación (creencias o conceptos como «si no me caso, no soy valiosa», «si soy exitosa profesionalmente me es difícil tener pareja» o «si soy dulce no me tomarán en serio y tendré que ser más dura en el trabajo». Éstos solo por mencionar algunos ejemplos).  

Para ser honesta, y reconociendo por supuesto que hay mujeres maravillosas, nunca sentí que hubiera una mujer para admirar o que me inspirara para hacerlo… no porque no hayan muchas mujeres espectaculares, sino porque simplemente nunca me identifiqué completamente con ninguna heroína, escritora, científica o mujer alrededor mío. Por eso, y por ese vacío de sentir que los caminos de esas mujeres no podían ser las opciones que me hacían feliz, consideré que debía crear mi propio modelo y hoy sigo trabajando en ello todos los días.  

A continuación, les comparto algunas ideas que me sirvieron a mí y que espero que les sean útiles a ustedes para crear su propia definición de “mujer”. También les comparto prácticas sencillas que pueden integrar a la vida cotidiana para construir una feminidad sana, basada en el amor propio y que integre las energías masculina y femenina, sin prevenciones.

El amor es la fuerza más poderosa y sanadora del universo, por eso debe ser primero dirigido a nosotras mismas antes que a alguien más. Este se encuentra perdonándonos por las cosas que salieron mal y por las veces que incurrimos en autosaboteo. Haz un listado por 10 días de lo que piensas o sientes que es negativo. Por ejemplo: quejarte, hablarte con dureza o feo, criticarte y las veces que responsabilizamos a los demás de nuestras emociones o de lo que pasa en nuestra vida.

El otro elemento es la sabiduría, que es la posibilidad de vivir en el momento presente, aceptando lo que somos con amor, sin crítica, ni expectativas. Para fortalecer la sabiduría, les recomiendo pararse frente al espejo en las mañanas, observarse y agradecerse con la mirada fija en los propios ojos, por la mujer que está al frente y por todo lo que hacemos para llegar hasta este día.

Finalmente, la magia que tenemos como mujeres por ser las gestoras de vida, todo lo atraemos con creer y sentir como si ya fuera una realidad. Las mujeres somos imanes para atraer bienestar y abundancia, ya que tenemos la capacidad y la energía de engendrar vida, ideas y sueños.

Para fortalecer este magnetismo femenino, vayan a un lugar que les guste y conéctense con la Madre Tierra, ella es la madre creadora y abundante mayor, hónrenla. Una forma de conectarse con ella es caminando descalza por un parque, o admirando en total silencio el cielo, las flores y los árboles. También, si creen en el poder de las plantas, hacer un baño de hierbas luego de la ducha. Recomiendo el agua de eucalipto, manzanilla o agua de rosas. Para hacerla se pone en una olla grande el agua a hervir y cuando esté hirviendo se ponen las hierbas y se baja el fogón a fuego medio por 5 minutos, apaga y tapa la olla para dejar reposar el agua y que las hierbas se mezclen.

 Estas ideas o ejercicios funcionan si liberamos la resistencia a creer y el juicio, y nos permitimos experimentar libremente.

Estamos llamadas a realizar un cambio de consciencia. El COVID- 19 nos dejó varias enseñanzas y una de esas es que todo cambia, por eso se están derrumbando las viejas estructuras, y nosotras, las guerreras, sabias y creadoras por naturaleza, estamos invitadas a co-crear un nuevo mundo, una sociedad libre del pasado.

Finalmente, el amor propio se comparte cuando todas mujeres nos reconocemos como UNA… lo que vive una mujer lo vivimos todas.  Seamos las creadoras de un lugar donde los hombres y las mujeres recuerden que ya son perfectos, que no tienen que cumplirle a nadie si no a ellos mismos. Recuerden que una sociedad sana de espíritu, es una sociedad libre. Trabajemos en nosotras y que la próxima vez que nos pregunten ¿Quién es la mujer que admiras? la respuesta sea sin dudarlo «esa mujer soy yo». Esa, que parada en el espejo en las mañanas se reconoce como profesional, madre, maga y guerrera, LA DIOSA.

Photo by Vitaliy Makerov on Unsplash

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