DesinhibitoriaLa defensa de...

La tóxica vs. La realidad

Si las palabras se midieran como las canciones, la palara “tóxica” sería definida como mainstream (que hace referencia básicamente a una moda, o una corriente popular. En otras palabras, anda pegada en Raimundo y todo el mundo).

Estamos en un momento de la historia donde todos somos grandes marcas, mostramos lo mejor que se nos ocurre de cada uno en las redes sociales y así mismo opinamos a diestra y siniestra, porque además, nos hemos convertido en expertos de todo tipo, y la especialidad en opinar sobre las relaciones personales, no es la excepción.

Siempre hay alguien hablando de lo tóxica que es una mujer, que si habla de frente: es tóxica, que si se pone brava: es tóxica, que si expresa sus sentimientos: es tóxica, que si encuentra que su pareja la esta engañando y obviamente enfrenta la situación: es tóxica… y, por supuesto, de backup, por si no hay suficiente de “la toxicidad de una mujer” en la web, están los famosos influencers que se copian del mismo libreto trilladísimo para sacar al aire una “broma” que le hacen a su pareja, haciéndole creer que la están engañando, y ponerle al video el título del año: ¡La Tóxica!

Entonces, como mujeres vivimos en una lucha constante por no ser “ese tipo de mujer”. Nos han puesto, una vez más, a luchar contra lo que sentimos; otra manera de censurar lo que pensamos, porque tildarnos de tóxicas es la manera más fácil de minimizarnos y hacernos pensar que estamos locas y que en verdad no tenemos ningún derecho a preguntar o cuestionarnos en qué tipo de relación estamos y,aún más, expresarlo.

La realidad es que vivimos en un país donde, según el DANE, “hay más de 23 millones de mujeres, de las cuales un 53%, es decir 12’300.000, son cabeza de familia, y en el que muchas siguen sufriendo situaciones de desempleo y de violencia de género”. Ahora, según los datos registrados por Observatorios Feminicidios Colombia, en el año 2021 se registraron más de 600 feminicidios, ¡¡¡MÁS DE 600!!!

Los datos anteriormente descritos dan cuenta de mujeres que fueron asesinadas y cuyos principales victimarios fueron las parejas ó exparejas de las víctimas. Aún así, las tóxicas, seguimos siendo las mujeres.

Esto no es una competencia ni mucho menos, pero hablemos con toda la sinceridad del caso: esta sociedad a un hombre no lo minimiza, ni lo hace sentir menos, ni lo lleva a cuestionarse diariamente en sus relaciones personales, o a meditar sobre los datos anteriormente descritos, ni le andan diciendo: “no sea tóxico que por eso lo van a dejar” o “ deje de ser tan celoso que parece loco” o “no le prohíba tener amigos, no sea loco”… No, a un hombre, por el contrario, lo empoderan desde ‘pelado’, le dicen que es fuerte, que él todo lo puede hacer, que él será el del billete, el pro, el manda más, que puede opinar lo que le dé la gana.

Para nosotras la realidad, en muchos casos, es otra cosa, si no lo ha notado vuelva y échele el ojo al párrafo anterior.

Yo, como muchas otras mujeres que seguro se están sintiendo identificadas con este artículo, he sido tratada de loca, celosa, videosa, insegura, y hasta de guerrillera – como me dijeron hace poco en una conversación con alguien que conozco y a quien no le acepté un comentario morboso y esa fue su respuesta…- Guerrillera ¡ja!

A mí mis ex parejas o “amigos” no me definieron con la palabra del momento de pura de buenas, porque el trending de ese momento era ‘feminazi’, pero a la larga me tildaron con las otras palabras que, en resumidas cuentas, son una extensión explicativa de lo tóxica que fui (me disculpan tanta molestia ¿no?). Esto no lo cuento como víctima, en lo absoluto, lo cuento como anécdota porque ahora entiendo varios puntos.

Primero, entendí que tendía a relacionarme con el mismo tipo de hombre: ínfulas de macho, de altivo, por lo general mentiroso y hasta violento; o con los que tienen complejo de Edipo, ¿Les ha pasado?

Segundo, que los celos y la inseguridad vienen de traumas de otras relaciones y que, si bien es deber de cada persona trabajar en ello, también hay que entender que son conductas que pueden crecer en la medida en que la pareja sea desleal. Es decir, si tu le estas montado cacho a tu pareja y esta te pregunta o te reclama, y la respuesta es «ERES UNA TÓXICA», «qué te pasa, estas loca», “siempre es lo mismo”, «eres una celosa, revísate», bla, bla, bla… sabiendo que ese cacho esta más firme que tú, pues es obvio que, no solo vas a generarle un trauma a esa persona, sino que muy seguramente ella va a repetir esa conducta en otras relaciones, porque aunque muchas personas no lo crean, hay traumas tan grandes que no se sanan solos, muchas veces se necesita ayuda, y, ¿ustedes saben cuantas personas tienen acceso a un tratamiento de salud mental en Colombia?

Para muchas personas esto puede ser una bobada, con tanta vaina que pasa en el mundo y uno hablando de esto tan “efímero”… Pero la realidad es que, aunque allá afuera todos estamos siendo testigos de una pandemia, una nueva guerra y un próximo nuevo gobierno, nuestra lucha más dura es la que tenemos en nuestra mente y en nuestro corazón día a día.

Por esa razón, hoy les digo a todas esas personas que son minimizadas por “tóxicas” que echen la mirada pa’rriba, que no hay nada de que sentirse avergonzados, que revisen una y otra vez sus prioridades, que no se fallen dejando a otros pasar por encima de ustedes hasta hacerles creer que siempre están mal. Que amen, pero amen con toda, que no sientan pena de abrir su corazón y hablar de sus expectativas en una relación, que ese dicho de uno no da para recibir (otro trending) no tiene que ser una imposición, porque todos pensamos y sentimos diferente y que, aunque suena muy poético, la realidad es que hasta el más zen va a dar amor porque quiere rodearse de amor, y eso no lo consigue si no es por un acto de recibir.

¡Pilas! Hay que darse el primer lugar sin pasar por encima de los demás. Y por último, por favor tener claro que donde los llamen tóxicos: ¡AHÍ NO ES!

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