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Verdades sobre el 8M

Desde que estaba en el colegio me enseñaron, por medio de izadas de bandera con mariachis y rosas a bordo, que «el Día Internacional de la Mujer había nacido en el año 1911 como una conmemoración por la muerte de 123 mujeres que trabajaban en una fábrica de camisas en Nueva York, la cual se incendió y ninguna de ellas pudo escapar debido a que los dueños cerraron todo para evitar robos».

Si bien este evento ocurrió, y hace parte de los grandes hitos que preceden al 8M, atribuir la conmemoración del día de la mujer a solo éste es invalidar y borrar de la historia a las miles de mujeres que han trabajado (e incomodado al sistema) por más de un siglo para reivindicar nuestros derechos, buscando siempre un único fin: la igualdad. Nada fuera de los cabales si pensamos en quiénes han contado siempre la historia del mundo.

El primer día de la mujer del que se tiene registro ocurrió el 23 de febrero de 1903 en Estados Unidos por medio de una manifestación de mujeres socialistas que, entre otras cosas, exigían el derecho al voto femenino.

Luego, en 1910, por medio de la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres socialistas de Europa, se declaró al 8 de marzo como el día internacional de la Mujer.

Ya en 1911, la conmemoración se había popularizado en muchos países por medio de diversas manifestaciones que exigían la igualdad de derechos.

Y finalmente, en el año 1975, la Organización de Naciones Unidas- ONU reconoció la conmemoración de manera oficial.

Hoy, 119 años después del primer día de la mujer, seguimos manifestándonos de diversas maneras para que la sociedad finalmente entienda que no estamos buscando que nos celebren con rosas y canciones clichés; lo que queremos, entre otras cosas, es dejar de sufrir violencias por el simple hecho de ser mujeres.

Es claro que vivimos en un país profundamente violento, pero, hay que decirlo, aquí a los hombres no los matan por ser hombres, a las mujeres sí; y si bien ya podemos votar, estudiar y tener cierto tipo de libertades, el camino que queda por recorrer es inmensamente largo y retador.

Para hacernos a una idea, en el año 2021 se registraron 622 feminicidios en Colombia, y solo en el mes de enero del 2022 fueron 55.

Pero esa es solo una de tantas cifras: en promedio, cada 30 minutos una mujer es víctima de violencia sexual en el país. Muchas de ellas callan por miedo o por verguenza y, cuando deciden denunciar, las instituciones las revictimizan durante todo el proceso. Como si fuera poco, más del 90% de los agresores quedan en impunidad.

Por otro lado, la violencia no es solo física. Las mujeres en Colombia ganamos en promedio un 27% menos que los hombres así realicemos la misma tarea, con la misma cualificación. También somos las más desempleadas; y además, dedicamos el 44.2% de nuestro tiempo al trabajo del cuidado no remunerado, lo que nos limita comparativamente para desempeñarnos profesionalmente y en otros ámbitos y actividades, teniendo en cuenta que los hombres no tienen la misma carga: de cada 10 mujeres, 9 realizan trabajos de cuidado, mientras que, de cada 10 hombres, solo 6 realizan trabajos de cuidado no remunerado.

Las mujeres vivimos con un miedo constante cuando caminamos solas por lugares oscuros o solos, tenemos una necesidad naturalizada por decir “avisa cuando llegues” entre nosotras porque entendemos que corremos el riesgo de no llegar; fuimos educadas para cuidarnos de hombres “malos”, porque a ellos no los educan para no dañarnos. Y esto último, sin que nos contaran alguna vez la historia real: que las experiencias de violencia física o psicológica casi siempre las vamos a vivir perpetuadas por hombres cercanos a nosotras, hombres comunes y corrientes.

Tampoco tenemos tanta libertad para decidir sobre nuestros cuerpos como nos los han querido hacer creer. Si decidimos no ser madres somos juzgadas socialmente y si vamos a tomar medidas médicas para esto nos obligan a pasar por pruebas psicológicas porque “no es normal” que una mujer no quiera procrear. Y ni mencionar el debate que hay sobre si podemos o no podemos abortar, con la moralidad de una religión que nos ha relegado por siglos de por medio.

Pero cuando decidimos ser madres la historia no es menos absurda. Nos enfrentamos a la violencia ginecoobstetra y a la presión de ser madres de tiempo completo, pero también profesionales de tiempo completo, esposas de tiempo completo y obvio, hermosas de tiempo completo. Eso sin mencionar a las mujeres que tienen que ser madres y padres a la vez, con la presión social que eso conlleva.

Es tanta la violencia que enfrentamos, que la academia y la gestión pública han tenido que caracterizarla y categorizarla. Por ahora vamos en 5 tipos de violencia de género: violencia física, violencia psicológica, violencia patrimonial, violencia económica y violencia sexual. Y estoy segura de que todas las mujeres hemos sufrido por lo menos de una en toda nuestra vida. La meta, querid@s lector@s, es lograr que las nuevas generaciones de mujeres no conozcan esas violencias.

Y sí, todo esto para decir que el Día Internacional de la Mujer está más vigente que nunca, que son muchas las causas por las que nos faltan años y décadas de lucha, y, también, que son muchas las mujeres que hoy ya no nos acompañan.

Por todas ellas, y por todas las mujeres que llevamos una lucha interna contra un sistema meramente machista, nos conmemoramos el día de hoy y los días que hagan falta.

¡Ah! y por último, las rosas y las canciones clichés no son el problema, ¡el problema es no ser consecuentes los demás días del año!

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