colaboracionesSuper like a...

Los lenguajes del amor

Close-up drawn heart on a foggy transparent window with bright multi-colored blurred city lights in the background. Symbol of love on wet glass

Un gran(dísimo) porcentaje de las películas sobre el amor romántico termina en la fiesta de bodas de los protagonistas. El cine ha estado plagado, sobre todo durante ciertas épocas de la historia moderna, con finales felices y rosados. Para darles un ejemplo, en los años treinta, una época marcada por muchos poderes beligerantes, por una pobreza despiadada y por una incertidumbre torturante, los espectadores querían ilusión, felicidad, escapismo. Hasta las historias clásicas terminaban vistas desde una óptica más optimista cuando llegaban a la gran pantalla. 

En el libro de Mary Shelley, escrito en 1816, Frankenstein encontró la muerte en el Ártico, luego de que “el monstruo” matara a su mujer. Más adelante, en la película de James Whale de 1931 (“Frankenstein: El Hombre que hizo a un Monstruo”), la cinta acaba con la celebración de las nupcias de sus protagonistas (Frankenstein y su prometida), y, además, a la espera de la llegada de un pequeño heredero.

Así pasó con varios clásicos, como “El Jorobado de Notre-Dame” o “Las Uvas de la Ira”, de Steinbeck. Es claro que los finales eufóricos y llenos de amor en las pantallas, nos hacen bien en épocas difíciles.

Desde ya hace varios años, algunos directores creativos, han hecho algunas modificaciones a los finales “de película”, pero la verdad es que solo hasta hace poco (y puede ser culpa mía, y del poco tiempo que tengo para ver la tele) estoy viendo películas, o series, que plasman una realidad de las relaciones románticas, antes de mostrar cualquier tipo de final: ¡Que son difíciles!

Cuando digo que las relaciones románticas son difíciles, muchas veces trato de ahondar en los detalles de esa afirmación, y me pregunto ¿Qué es lo realmente difícil? ¿La convivencia? ¿La constante negociación? ¿La crianza? -cuando existen los hijos-, ¿La costumbre? Mi respuesta es que, en realidad, es un poco de todo lo anterior.

La verdad es que se necesita creatividad en el amor y en la convivencia, sobre todo en las mañanas frías, cuando nos levantamos con los pelos parados, cuando nuestras ojeras no solo muestran el pasar del tiempo sino de las pruebas diarias, y, sobre todo, cuando nuestras ideas individuales nos llevan a parajes tan oscuros como lejanos del ser con el que convivimos.

Siendo una hija fiel de la crianza ochentera, yo también fui condicionada a pensar que uno encontraba el amor, se casaba, y ahí se acababa esa “búsqueda”; esa travesía tan femenina, para la que tanto nos prepararon en casa, en la que debíamos encontrar a “ese”, ese que nos iba a hacer, finalmente, completas.

De la peor -o mejor- de las formas (todo depende de cómo uno lo vea), me enteré muy pronto en la vida de que no solo no debe haber tal búsqueda, sino que NO nacemos incompletas (mujeres: lean esas últimas tres palabras, detenidamente). Dicho eso -y esto va para tod@s l@s extremistas que me leen-, no es que no crea en el amor, o en la monogamia, o en el matrimonio, o en la unión libre, o en las relaciones en general (es más, mi opinión sobre estos temas no viene mucho al caso aquí), en lo que me quiero centrar hoy no es en el fondo, sino en la forma: ¿Cómo amamos los seres humanos?

Los seres humanos amamos desde el inicio de los tiempos; lo que nuestros antepasados amaran, es otra discusión. Lo que se tiene claro es que no hay evidencia de sociedades sin amor. Esa frase me parece bonita.

Gracias a la arqueología sabemos que los animales y los humanos se amaban y hasta eran enterrados juntos, dejando en evidencia lazos de afección.

Nuestra capacidad de amar es algo que, al parecer, ha evolucionado, dando, aun en esta peculiar época, prioridad a conductas humanas en donde predomina la preocupación por los demás. Definitivamente, creo que necesitamos más de esto, y menos de lo otro.

Los aspectos sociales relacionados con esta emoción han sido protagonistas de estudios que contienen muchas aristas y que contribuyen a enseñarnos que los seres humanos disponemos de una variedad de formas de imaginar y vivir el amor; la pregunta es: ¿Cómo lo expresamos? ¿Cómo recibimos esas expresiones de amor?

El doctor David R. Hawkins M.D. Ph.D., reconocido médico, psiquiatra y autor, dice que el cerebro realmente no “piensa”, sino que interpreta la información que recibe de su alrededor -con todos los condicionamientos y los “sistemas de creencias” con los que fue inoculado desde su “infancia”-. Esto nos hace pensar entonces que nuestra forma de dar amor no es obligatoriamente la misma que recibe el beneficiario de ese mismo amor. Eso hace las cosas muy complicadas, y por eso quise tratar de buscar una alternativa para tratar de “descomplicarlas”.

Los 5 Lenguajes del Amor

Hace poco más de dos años, por dos fuentes con criterio y sensatez, me llegó una recomendación de un libro sobre relaciones de pareja. Al principio no le puse mucho cuidado, pero cuando lo hice, no me arrepentí. El libro se llama Los 5 Lenguajes del Amor[1].

En este libro, el Dr. Gary Chapman Ph.D., le da la razón a nuestro descubrimiento anterior y dice (…) “diferentes personas con diferentes personalidades dan y reciben amor de diferentes maneras.” Creo, nuevamente, que esa conclusión es bastante acertada, y no falta ser genio para saber que los humanos tenemos, en general, vidas emocionales complejas y que la idea entonces no debería ser “buscar amar más”, sino amar mejor.

En su libro, Chapman dice que los cinco lenguajes del amor son los siguientes (de forma muy -muy- resumida):

  1. Palabras de afirmación – Ofrecerle palabras amorosas y de apoyo a tu pareja.
  2. Actos de servicio – Tener detalles y hacer cosas útiles para tu pareja.
  3. Ofrecer regalos – Darle a tu pareja regalos que sabes le gustan, y que le hacen saber que estabas pensando en ella cuando lo compraste (Puedo adivinar lo que están pensando con este “lenguaje” en particular, y la verdad es que esto -como casi todo en la vida- funciona mejor sin emitir juicios de valor…démonos pasito, ¿sí?).
  4. Tiempo de calidad – Pasar tiempo significativo con tu pareja. (Aquí la premisa es calidad sobre cantidad.)
  5. Contacto físico – Estar cerca de y acariciar a tu pareja, de forma no sexual. (El sexo es otro tema).

Creo que esta categorización tiende a ser efectiva, pero, dicho eso, creo también que, dentro de cada una de esas clasificaciones hay muchos matices de gris, que deben ser detenidamente revisados por las personas que toman el quiz, ya que pueden ser malinterpretados.

En mi caso, mis lenguajes del amor son: Palabras de afirmación (33%); contacto físico (27%); tiempo de calidad (16%); actos de servicio (14%) y finalmente recibir regalos (10%).

Me siento identificada con estos resultados. Creo que, para mí, las palabras tienen mucho poder, y definitivamente sigo siendo una romántica perdida, a la que le gusta que le cojan la mano o le acaricien la cara. Lo único que añadiría a este quiz es la categoría de compartir canciones… (o películas… o libros favoritos). Creo que ahí definitivamente se me descuadrarían los resultados. Punto.

Aparte de todo lo anterior, y para terminar, en lo personal, este libro me hizo entender que, muchas veces, cuando siento que no estoy recibiendo amor, lo que está pasando es que no estoy recibiendo el tipo de amor que quiero, pero no que no esté siendo amada, y hay una gran diferencia entre lo uno y lo otro.

En ese caso mi cerebro está interpretando algo, de forma errónea, y en lo que me debo centrar es en transcender a esos lenguajes, recibir el amor que se me está dando y entender exactamente desde dónde viene, de modo de poder valorarlo.

Ese proceso de reestructuración cognitiva es como un hábito y, créanme, vale la pena tomarlo. Tampoco sobra decir que entender, desde el amor, da una luz de compasión a las relaciones de pareja -y a todas las relaciones en realidad- y eso nunca sobra. Eso sí, dado que efectivamente uno sienta que no se está satisfecho con el amor que se está recibiendo -en cantidad y/o calidad-, la idea tampoco es callar, ni esperar, sino más bien invitar a la que definitivamente debe ser la compañera estrella en las relaciones, que es la asertividad. Repitan conmigo: asertividad, no agresividad; aquí también hay una gran diferencia entre lo uno y lo otro (eso también va para l@s extremistas que me leen, *guiño*).

Finalmente, para l@s que se quieran aventurar y conocerse mejor, aquí les dejo el quiz (en inglés), que tiene versiones para niños, adolescentes y personas que no están en una relación.

Ya me contarán cómo les va.

Un lenguaje diferente es una versión distinta de la vida – Federico Fellini


[1] Libro impreso. Chapman, G. (2015). Reimpresión. Los 5 Lenguajes del Amor: EL Secreto para un Amor Duradero. Northfield Publishing.

Newsletter
Sé una de las primeras

Regístrate en nuestro newsletter para que siempre estés enterada de nuestras novedades.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *