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Merkel y su tardío: “Todos deberíamos ser feministas”

Empecé a estudiar en la Universidad en el 2006, allí confirmé mi pasión -y a veces creo que sana adición por los asuntos internacionales-. Desde entonces, he visto a una de las más importantes potencias mundiales, Alemania, gobernada ininterrumpidamente por una mujer: Ángela Merkel, la primera mujer Canciller de Alemania, la única mujer en el G7 y la que lleva la batuta de la Unión Europea.

Merkel no tiene el porte marcial de Margaret Thatcher, no tiene el carisma de Evita Perón, ni tampoco la belleza icónica de Yulia Timoshenko, y ciertamente no tiene el perfil de perseguida política de Aung San Suu Kyi. Sin embargo, es sin duda la mujer más poderosa del mundo.

La canciller Merkel, como se conoce a la jefe del gobierno en Alemania, rompió el techo de cristal, es un ícono para las alemanas y en general para nosotras, las mujeres.

Merkel creció en la Alemania comunista del Este, es física y realizó maestrías y doctorado en ciencias exactas. Confiesa que ama la física porque, a diferencia de la política, en ella no se puede cambiar tan fácil de parecer. Habla perfecto ruso y es la única líder del hemisferio occidental que le puede hablar a Vladimir Putin en su lengua materna. Su trayectoria en cabeza del gobierno alemán es un extraño ejemplo de duración al frente de un país (16 años ininterrumpidos) en una época en la que la inestabilidad ha determinado la política mundial.

Ningún líder europeo ha estado más tiempo al frente del gobierno y ninguno ha sorteado tantas crisis como ella, hasta el punto de que se ha convertido en una de las figuras más reconocibles de la escena global. Y quiero resaltar la palabra reconocible porque, en este mundo político en donde las redes se vuelven plazas públicas, Merkel nos ha demostrado que es posible hacer política, gobernar y ser un ícono mundial sin utilizar las redes sociales.

Ángela Merkel es una de las pocas políticas que no utiliza Twitter, no ha hecho uso de ninguna red social a su nombre para sus campañas ni mandatos y mantiene súper privada su vida personal. Su éxito está literalmente en hacer bien su trabajo, confiar y reconocer a su equipo y generar impacto sin tener que estar “publicando” todo lo que piensa y hace.

Aunque Merkel se ha convertido en un referente a nivel mundial, debo decir que no ha motivado cambios sociales en favor de las mujeres.

El activismo feminista de Angela Merkel ha sido (desafortunadamente), a lo largo de su longevo mandato, limitado -algo que incluso ella ha reconocido-.

Pero como “más vale tarde que nunca”, el pasado 8 de septiembre, ad portas de concluir su periodo como Canciller de Alemania y después de 16 años en él, Angela Merkel aseguró ser «feminista» en unas declaraciones que reflejan un cambio en la visión de la dirigente democristiana sobre la igualdad entre los hombres y las mujeres.

“En lo esencial, (el feminismo) consiste en decir que los hombres y las mujeres son iguales en su participación en la vida en sociedad, a lo largo de la vida. En este sentido, puedo decir ahora que yo soy feminista y que, de hecho, todos deberíamos ser feministas», dijo Merkel durante una conversación con la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie.

La escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, autora del famoso ensayo “Todos deberíamos ser feministas” (un ensayo dirigido al público general), explica de forma clara que ser feminista, entendido en su más puro significado, es “defender los derechos de las mujeres” y es “imprescindible para que la sociedad avance”.

Vivimos en un mundo en el que a las personas que nacen con el género femenino, desde que son niñas, se les da menos importancia, poder económico, libertad e independencia que a los niños, y cuando se hacen adultas se las priva del mismo reconocimiento y estatus social que recibe un hombre. Adichie explica que es por esto, y por el hecho de ser humanos, por lo que “todos deberíamos ser feministas”.

Hoy quiero invitar a tod@s a que nos declaremos feministas desde el principio -ya sea que ostentemos o no un puesto de poder-.

El feminismo tardío (cómo el de Merkel) hace que perdamos oportunidades inmensas de revindicar a las mujeres en todos los planos de la sociedad.

¡Concuerdo con Adichie y -finalmente- con la más reciente declaración de Angela Merkel! Sí y siempre sí: tod@s deberíamos ser feministas.

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