colaboracionesDetoxLos beneficios de...

La música y las frecuencias como herramienta de sanación

El sonido tiene las características de ser un poder creador, sensible, bello, pero sobre todo sanador y los grupos ancestrales antiguos (indígenas, celtas, egipcios) tenían claro que el sonido es el asistente de Dios.  

En Colombia, nuestros ancestros africanos, esos migrantes esclavos que llegaron a las colonias, utilizaron la música y el baile para elevar su energía y sentirse reconfortados, expresar mensajes de revolución y lucha en contra de la esclavitud y el maltrato a la naturaleza por parte de los colonizadores de aquella época. Sin embargo, en la actualidad hemos olvidado cómo emplear el poderoso sonido para sanarnos.

En el Pacífico, en el Guaviare, y desde La Guajira hasta el Amazonas, siempre escuchamos alguna canción que nos conecta con nosotros mismos, que nos hace sentir en casa. Gracias a esa herencia de amor por el sonido, siempre se puede acudir a alguno de los muchos instrumentos musicales que enriquecen nuestra música, que reparan cualquier corazón roto, un malestar físico o espiritual.

Esta sensación de satisfacción que se encuentra en la música, o más bien en el sonido, tiene una explicación.

El sonido es, en todas sus manifestaciones, un poder revitalizador y unificador que intuitivamente buscamos para sentirnos mejor o desahogarnos. Si no lo creen, que lo digan aquellos que cantan en la ducha o le cantan a sus amigos o pareja, o le susurran canciones a su bebé… o que lo corroboren aquellos que gozan escuchando música y se transportan, después de escuchar las Cuatro Estaciones de Vivaldi (mi favorito); en fin, no hay una sensación de bienestar que sea tan fácil de alcanzar como cuando encontramos sonidos reconfortantes. En ese momento se alcanza un espíritu elevado.

Esta herramienta de sanación es accesible para todos, tiene usos terapéuticos y, para quienes estén interesados, puede ser utilizada para regular emociones, movilizar energías estancadas en el cuerpo y elevar el ánimo. 

Para mí, el sonido fue la primera expresión del Universo, la primera voz fue la del Creador, la Fuente o el Principio (como quieran llamarle): su “voz” rompió el silencio de la nada y la frecuencia del sonido hizo vibrar el mundo y desarrollarse.

El sonido llega a todos los lugares y, cuando se escucha en frecuencias altas (en forma de música, o de sonido de instrumentos como cuencos, tambores, flautas o arpas), la energía se equilibra y el bienestar aparece sorprendentemente sin esfuerzo.  

Para los que les gusta la ciencia y les cuesta creer -por eso buscan siempre el dato científico-, acá va la explicación que al cerebro le gusta: el sonido genera ondas que se mueven en un medio, tiene una frecuencia que es perceptible hasta un punto para los humanos. Este contiene ondas mecánicas longitudinales que se propagan en el ambiente, o través de cualquier medio como el agua, el viento, u objetos, etc y, además, tiene una longitud y un número de oscilaciones (recorrido de la onda) por segundo. A esta medida le llamamos Hertz.  

Ahora, debemos entender que es la frecuencia (por favor sigan el cuento que va a estar bueno). La frecuencia es la expresión de las ondas del sonido y se explica como la cantidad o número de oscilaciones completas que ocurren en un segundo.

El sonido contiene ondas en un rango de tiempo, y la frecuencia es el nivel o medida en la que una onda completa (arriba y abajo) recorre un rango de tiempo.

Para utilizar estas frecuencias como un instrumento sanador, debemos elegir cuales son de alta frecuencia y cuáles no. Si se generan muchísimas ondas en un segundo, este sonido tiene una frecuencia alta (tiene buena vibra), si por el contrario las ondas son pocas en un segundo, es decir, que se demoran más en subir y bajar por segundo, este sonido tiene frecuencia baja.

La medicina Oriental (budismo, Ayurveda, medicina china) entendió, mucho antes que en Occidente (con excepciones), el poder del sonido. Por ejemplo, para la medicina china, el sonido es energía, es el QI (se pronuncia “chee”), la fuerza vital que fluye en la naturaleza, incluyéndonos, y que, bien equilibrada, es absolutamente sanadora.

Es decir que podemos usar el poder sonido y sus frecuencias altas para elevar nuestras emociones, ya que las emociones son energía en movimiento que, cuando están desequilibradas, se pueden modificar con altas frecuencias.

Abraham Hicks midió con un encefalograma la frecuencia de las emociones (ver tabla). La vergüenza, la culpa y el remordimiento pertenecen a las frecuencias más bajas y son emociones contraídas; por su lado, las emociones más expandidas como la Iluminación, la alegría y la paz, tienen las frecuencias más altas.

Tomado de Taller influencia de los Sonidos en nosotros (www.rolandkalt.com)

Las emociones son frecuencias (energía) que se generan dentro de nosotros y, al conocer su calibración en Hertz, podemos sintonizarnos a esas frecuencias o exponer a objetos, personas y animales a ellas para – literal- hacer que nuestro cuerpo y nuestras células vibren a la frecuencia que le pongamos.

Algunos dirán que esto es un poco complejo, pero es sencillo: si tenemos emociones que no soltamos como la vergüenza, la culpa o la rabia, que además se convierten casi siempre en enfermedades o alteraciones emocionales, existe una opción para dejarlas salir de nuestro sistema y transformarlas en una energía superior.

Por eso, los celtas -antiguo grupo de los países nórdicos- también elevaban cantos y tocaban la Gaita, el Bodhrán, el Arpa Celta para desarrollar sus rituales y sanarse.

En la actualidad, y para que lo hagan todos los días que quieran, les dejo unas recomendaciones de sonidos que pueden utilizar para mejorar ciertas circunstancias emocionales retadoras:

Para los espacios que identificamos como “lugares donde la energía esta pesada” se pueden usar los aplausos y así cambiar el ambiente estresante, o también se puede usar una campana tocádola por toda la casa, en especial en las esquinas, para limpiar las frecuencias bajas del hogar; a esto le llamo la frecuencia SOS, es decir, una medida de emergencia cuando hay discusiones o uno se encuentra de muy mal humor.

Si quieren algo más disimulado (ya sé que no todos van a empezar a aplaudir de la nada en una discusión, o cuando lleguen a la oficina o a la casa), se puede utilizar la música en volumen bajo, casi imperceptible. Les sugiero música que tenga una frecuencia 432 Hz, que es la frecuencia universal y tiene efectos reparadores para todos los cuerpos materiales que son intervenidos por ella, es decir es la “todo terreno”. Esta frecuencia sirve para elevar todas las emociones bajas de la tabla que les presento arriba.

Mi sugerencia es que escuchen al genio de Lucas Cervetti y su álbum Frecuencias Álmicas en 432 hz.  Los Solfeggios se recomiendan para todo tipo de emociones, por ejemplo, si se quiere reconectar con el interior desde la empatía y el amor se recomienda un solfeggio de 639hz.  

Así mismo, para trabajar emociones como rabia, rencor o resentimiento busquen la calma con sonidos de tambores, instrumentos de percusión o música árabe.

Para transformar todas las clases de miedo, como temor a hablar en público, a la soledad, a no tener dinero o no ser suficiente, se sugiere la música Clásica en general; y si quieren limpiar la casa o la oficina, es recomendable usar sonidos de cuencos tibetanos (pueden buscarlos en cualquier plataforma de música).

El sonido que nunca debemos olvidar – el que está a la mano siempre- es la voz. Siempre que movamos nuestra energía con esta maravillosa herramienta y una intención elevada, de aceptar y soltar, así no cantemos muy bien, sentiremos el bienestar de manera casi inmediata.

Recuerden que el poder de la voz es gratis, digamos palabras bonitas, expresemos lo que sentimos con compasión y sin vergüenza, liberemos esas frecuencias bajas que nos enferman y sanemos con el sonido y su frecuencia. 

Newsletter
Sé una de las primeras

Regístrate en nuestro newsletter para que siempre estés enterada de nuestras novedades.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.