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¿Y qué sé yo de la vida?

¿Y qué sé yo de la vida? Esta se ha convertido en respuesta a casi todos mis cuestionamientos existenciales diarios, que no son pocos. Facilista o no, la verdad es que, como dice el maravilloso Adam Grant en su libro Think Again (recomendadísimo), en la humildad de aceptar que no lo sabes todo, ni de cerca, te abres a aprender nuevas cosas y por ende a volverte más competente en la vida. Para mí, ser más competente en la vida, significa ser más flexible, más tolerante, más feliz; luchar menos o, más bien, luchar de forma más estratégica para lograr lo que sea que me estoy proponiendo en el momento.

Con lo anterior dicho, también tengo que darme algo de crédito, ya que siento que he sido medianamente sabia en prestarle atención a las personas que, creo, me están enseñando algo valioso; que no han sido pocas.

Este artículo tiene la intención de dar mérito a los consejos y cosas diarias -relevantes o no- que me han quedado grabadas y que se han convertido en aprendizajes, así como a las personas, cosas o situaciones que me las han enseñado. Es muy probable que se me olviden muchas, pero prometo hacer todo lo posible por plasmar todas las que pueda, a continuación.

Aquí voy…

  • “Siempre hay que tener, al menos, un hobby; te salvará la vida. Esto me lo enseñó mi papá, al que sus hobbies le salvaron la vida luego de la muerte de mi mamá.
  • Cuando siento que estoy 100% segura de algo, es cuando tengo que repensarme las cosas. Esto me lo enseñó la vida, y me lo reiteró Adam Grant con su libro que recomendé anteriormente.
  • El progreso no es lineal. Esto me lo enseñó la crianza.
  • Si vas a comprar una nueva pieza de ropa, saca una vieja de tu closet y regálasela a alguien que la necesite. Esto me lo enseñó mi marido.
  • “Desmaquíllate los ojos con shampoo para bebés”. Esto me lo enseñó mi suegra.
  • “Divide los legos por colores, y guárdalos así”. Consejo de mi hermana cuando yo tenía 10 años. Nunca se me olvidó y me sirvió cuando tuve hijos, y, por ende, más Legos.
  • “Nunca le digas que no al postre”. Sabia frase de mi papá.
  • “Siempre usa protector solar, así no vayas a salir de casa.” Lección de mi adorada esteticista y maga de la piel, France Ayala, quien me tuvo que desmanchar la piel un par de veces antes de cumplir 35 años (P.D. Tomé este consejo bastante adelantadita en la vida, pero que quede constancia que lo tomé).
  • “Nunca te vuelvas a acostar si ya te levantaste, a menos de que estes enferma”. Mi mamá me enseñó eso.
  • Aún me da algo de miedo llorar. Esto me lo sigue enseñando la vida.
  • He debido hacerle más caso a la mamá de Marcia Rodríguez por allá por 1987, ella sabía lo que estaba haciendo. El que entendió, entendió.
  • “Las cosas salen mejor cuando las haces despacio y con buena letra”. Consejo de un antiguo, jefe, amigo y cuasi-padre, Álvaro Briones Ramírez. PD. Busquen su último libro, que vale mucho la pena: “Cosas que el tiempo dejó atrás”. PD2. Te quiero Alvarito.
  • “Habla menos y escucha más. Por algo se te dieron dos orejas y solo una boca”. Sabio consejo de mi papá.
  • Tristemente, muchas veces me he dado cuenta de que soy menos liberal de lo que me jacto de ser. Esto me lo ha mostrado la vida…a las malas.
  • Mi mamá no siempre tuvo la razón, y a la vez, mi mamá no siempre estuvo equivocada. El tiempo, sin ella, me enseñó esto.
  • Me ahoga la gente demasiado precavida. La vida con mi papá me enseñó eso, y aunque no creo que esto deba ser “blanco o negro”, me sigo dando cuenta de que su constante aversión al riesgo despertó un poco a esa kamikaze que tengo dentro.
  • Nunca tuve miedo de morir joven, hasta que tuve hijos; ahora temo a morir joven como mi mamá. Eso me lo enseñaron mis traumas.
  • Tomo fotos para recordar. El Alzheimer de mi abuela me enseñó esto.
  • “Algunos libros son como McDonald’s para el cerebro, no te puedes sentir mal por quererlos y disfrutarlos de vez en cuando”. Esto me lo enseñó mi amiga y socia Casilda Malagón, luego de haberme devorado alguna de estas sagas literarias adolescentes, de las cuales también me veo las películas, con pasión y algo de vergüenza. Punto y aparte; no se hable más del tema.
  • “Trata de no arrepentirte de tu decisión (la que sea que fuere), ya que seguro fue la mejor considerando la información que tenías en ese momento”. Esto me lo enseñó un alma gemela proveniente de donde los gatos abundan por las calles y donde “los limones son agrios”. A ti, todo mi corazón y agradecimiento, siempre. Hasta la próxima vida.
  • “Este es TU espacio de baile y este es MI espacio de baile, no te metes en el mío y yo no me meto en el tuyo”. Esta sabia frase es de la película Dirty Dancing (la original, no ninguna versión actual que seguramente ya hizo Justin Bieber y que me rehusaré a ver). Lo que me ensenó es que solo eres responsable por lo que está en tu “espacio de baile” o en tu vida. Saber esto fue absolutamente liberador, me dice que no puedo controlar las acciones, comentarios u opiniones de los demás, pero puedo controlar la manera en que reacciono a ellas.
  • “Información combinada con emoción, se convierte en memoria a largo plazo.” Esto me lo enseñó (a mí y a miles de personas más), Jim Kwik. Búsquenlo.
  • La mayoría de las veces pensamos que nuestras decisiones están basadas en la lógica y no, están basadas en emoción. No somos seres lógicos, somos seres biológicos. Esto me lo enseñó la psicología.
  • “En la historia del mundo, siempre se han salvado los libros, porque al final, los libros son los que nos salvan” . Esta es una frase de Irene Vallejo, escritora y casi Diosa, a quien admiro mucho.
  • Decir “lo siento”, no es pedir perdón, eso es solo parte del acto de disculparse, pero no su totalidad. Una disculpa efectiva tiene tres partes: 1. Disculparse por lo hecho; 2. Aceptar la responsabilidad, ojalá con humildad; y 3. Ofrecer restitución. Esta última parte es clave. Esto tuve que aprenderlo para explicárselo a mis hijos. Voy hasta ahora en el paso 1, no es fácil, pero ahí sigo…despacio y con buena letra, ¿no?
  • Pocas cosas tan gratificantes como tener tus límites claros y tus “no negociables “aún más claros. Decir que NO, es solo una parte de poner límites en la vida, un tema que nos cuesta tanto a tod@s. Cuando se aprende a hacer esto, la sensación de liberación es sublime. Esto me lo enseñó la terapia.
  • La autorregulación emocional es un súper poder. Esto me lo enseñó la crianza. Si bien en los últimos tiempos, nos hemos vuelto más conscientes de la inteligencia emocional, no siempre se habla de cómo aplicar las habilidades que nos llevan a ella, ¡Si no han oído sobre este término, búsquenlo…por favor!
    Para terminar, creo que la enseñanza que más resuena en mi cabeza, y a la que no le hice caso por mucho tiempo, hasta que constaté que era real, es la siguiente:
    “Las lecciones de la vida se repetirán hasta que sean aprendidas”. Léanlo otra vez.
    Apague y vámonos.

Foto de Joanna Kosinska en unsplash

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