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Reconocer la feminidad sin prejuicios

En mi proceso de sanación de lo femenino he encontrado una situación grave de prejuicios y, sobre todo, alrededor del significado de belleza. Luego de resolver, en las últimas semanas, mi fase de Cruella y sus sombras, emprendí una reflexión sobre lo femenino y cómo quienes necesitamos reconciliarnos con esa poderosa parte de nosotros tenemos aún muchos prejuicios.

Este es un tema que llegó a mi cabeza y ha invitado a ampliar mi manera de ver al mundo y a la gente bella (física y espiritualmente). Comprendí, en medio de mis lecturas, meditaciones y silencios, que lo que más me impedía aceptar la belleza como una virtud, y no solo como un tema de vanidad y ego, fue ver la belleza como una herramienta de control social y manipulación de mujeres y hombres que creen que si no se ven como las modelos no vale la pena sentirse bien.

Con esto identificado en mi cabeza, pasé a abrirle la puerta a lo femenino en toda su integralidad, incluyendo la belleza y el cuidado de lo femenino, no solo desde lo físico sino desde lo energético.

A decir verdad, nunca fui amiga de expresiones de feminidad como el maquillaje, los vestidos, la tintura, los accesorios o joyas -o de la misma sensibilidad-, primero porque en mi mente guardaba la teoría de que la sociedad imponía a las mujeres “verse bellas” para sentirse seguras de sí mismas y me parecía que ese concepto de belleza excluía a personas maravillosas (incluyéndome), y segundo porque, en un mundo tan masculino, sentirse “vulnerable” te impedía competir y sobrevivir.

Es claro que entonces mi apreciación por lo femenino no era más que una maraña de ideas y programas de inseguridad, y también de desconocimiento sobre el verdadero valor de la belleza. Seguramente en ese entonces nunca los entendí y me dediqué a juzgar esa idea de belleza a cabalidad: toda mujer o amiga que representara esos estereotipos me caía un poco “gorda” simplemente por un tema de “principios” que en el fondo no eran más que un rechazo hacia mí misma y, por supuesto, una necesidad de trabajo serio en el reconocimiento de mi feminidad.

Lo femenino -he entendido- es el origen de la creatividad, la matriz que da vida al mundo y se deriva en expresiones como el arte, la música, las joyas y hasta la ropa. Por eso emprendí la búsqueda para la resignificación e integración de lo femenino en mi desarrollo personal y para esto tuve que pasar por varias pruebas de limpiar y reordenar mi espíritu, mi cerebro, y sus hemisferios izquierdo y derecho.

El cerebro es el ordenador universal del cuerpo, de las emociones e ideas, y también es un transmisor hermoso que llenamos de mucha información -y creo que no siempre de información de la mejor calidad ¿cierto? – Cuando lo activamos, y logramos equilibrar los hemisferios, el mundo cambia, y así podemos experimentar fenómenos de salud y alegría en todos los ámbitos del ser.

El hemisferio izquierdo del cerebro controla toda la parte derecha del cuerpo (es decir maneja los brazos, piernas, rodillas etc. del lado derecho de nuestro cuerpo), el masculino, y por su parte, el hemisferio derecho del cerebro controla el lado izquierdo del cuerpo.

Para trabajar en la feminidad debemos tener en cuenta que el hemisferio derecho del cerebro es el que trabaja los aspectos de esta. Por este lado se expresa la sensibilidad, el amor, la ternura, la sensualidad, la belleza, la creatividad y la capacidad de recibir. Sin embargo, lo que se observa en la sociedad en demasía y que corresponde al lado izquierdo del cerebro es el desarrollo de lo masculino, lo que se relaciona con el poder y el “poseer”, la guerra, la practicidad… lo concreto y el alcanzar metas todo el tiempo es más evidente, y por eso mismo hemos descuidado el detenernos a contemplar la belleza, le buscamos el punto de quiebre a todo – o la “quinta pata al gato” como dirían-.

Al comprender la necesidad del equilibrio de estas energías, empecé a entender que todo es una unidad y que el desequilibrio entre estas dos energías que nos componen deriva en situaciones de estrés y enfermedad en ese camino de la practicidad.

En un mundo occidental, que tiende a fragmentar todo, les digo, no estamos separados, somos UNO. Con esto en mente, me dediqué a tener una curiosidad distinta -una que me hace sentir en paz conmigo misma- por reconocer la belleza y empecé a considerar maneras para que no se me impusiera un concepto; busqué inspirarme para hacer que esa definición de la belleza y lo femenino me hiciera sentir cómoda naturalmente y funcionara para mí.

Así, empecé a conectarme con la sensualidad y con la belleza a través de la danza árabe y empecé a tener consciencia de la energía escondida dentro de mí.

En un pequeño apartamento de Washington D.C. (donde viví varios años) nos reuníamos un conjunto de conocidas y una profesora -a quien le agradezco inmensamente la guía para despertar a mi Diosa-. Al principio me dolía todo el cuerpo y el vientre mucho más, pero eso era un símbolo de que estaba despertando… después de esa experiencia, hasta mi postura cambió y dejé a un lado la resistencia a esos elementos “femeninos” como el maquillaje, las faldas, los tacones y los peinados. Además, empecé a definirlos como una herramienta de conexión con la sensibilidad, el arte y la alegría.

Luego, continuando con mi búsqueda de la definición de la belleza, me conecté -como un ejercicio consciente- con el arte y tomé un curso de fotografía, recordando que lo importante no era lograr la foto perfecta, si no poder encontrarme con el poder de la apreciación.

El propósito de estos ejercicios de reconexión de los que hablo es que cada persona busque sus propias herramientas y sepa de la importancia de reconocer ambas energías, la femenina y la masculina, independiente de su sexo, género o identidad sexual.

Aprendí que nos podemos conectar con la femenina a través de actividades como bailar, colorear mándalas, preparar nuevas recetas culinarias, cantar mantras (palabras en sánscrito de alta vibración), vestirse y peinarse diferente, y, en resumen, salir de nuestra “zona de confianza” y despertar a nuestra diosa -que no es sino la energía creadora de la cual todos y todas somos merecedores-.

Les anticipo que encontrar el sentido de la belleza -uno auténtico y equilibrado- no es fácil. Nos encontramos todavía en una sociedad en la que se le hace mucho ruido al verdadero sentido de lo bello y se le usa en contra de la autoestima, generando ganas de ser bellas o bellos porque la moda y el contexto lo exige, sin embargo, quienes vivimos en el sistema podemos modificar estos conceptos, reconociéndonos bellos desde nuestro propio concepto y creando una belleza más propia, más libre.  

Thanks to @lensabl for making this photo available freely on @unsplash

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