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Un rolling por las apps de citas

Si ustedes son de los que creen que las apps de citas no son lo suyo, que son una broma, que qué oso abrir eso porque le ven a uno “las ganas”, quiero decirles que yo era una de ustedes…  Lo que sucedió fue que las abrí y acá vengo a contarles lo que pasó. Vale la pena aclarar que esto no es una invitación a que lo hagan o dejen de hacerlo, pero de seguro es una idea de lo que pasa en ese “mundo 2.0 del amor”.

Mi experiencia con las apps no inició nada bien. Me enteré de ellas hace unos años cuando, en una conversación entre trago y trago, la persona con la que salía jocosamente contó lo chistoso y divertido que le parecía Tinder y, acto seguido, dijo haberla tenido en ese último mes… De entrada ¡patada en el orto!

Entiendo que muchas personas se sientan super identificadas y tranquilas con eso de las relaciones abiertas, del poliamor, de los corazones grandes con ganas de amar “muchas almas” al tiempo, pero ajá, ese no era mi caso, ni el negocio en el que me había metido.

Desde ahí generé cierta incomodidad por estas apps, no lograba entender de qué iba la gente que se metía en eso; ¿Estaban buscando el amor de la vida? ¿quizá solo sexo? ¿nuevos amigos?

Como quiera que sea, fui la típica persona que criticó por años las apps de citas y sus usuarios. Pero, ahí sí, como dice el dicho: “Nunca digas nunca”, porque eso fue exactamente lo que hice, pero me fallé como opositora fiel y en diciembre pasado debuté en ellas.

Santa Marta, playa, brisa, mar y una amiga que tenía siempre unos dates de película. Debo decir que todo empezó porque una tarde terminé siendo la wingirl de un bombón que tengo por amiga, experta en estas apps y lo suficientemente experimentada, como para hacerme el inception de la forma más sutil posible, ¡hasta que me abrí la cuenta!

Han pasado varias cosas desde ese día. Bueno, de entrada, debo decir que me hice un 8 usando Tinder y, solo para aclararles a los vírgenes en estas apps, esto es más que dar likes a diestra y siniestra. Existe una opción macabra para las personas torpes como yo, que consiste en darle estrellita (súper like) a la persona que a uno le llama la atención, de modo que, en el momento que del otro lado aparezca la foto de uno, el personaje ya de entrada se dé cuenta que no es un match, sino un posible super match.

A mí lo que me sucedió fue que, en el intento de sacar del camino a un montón de personajes, solo terminé dándoles súper like…

Duré 5 días en Tinder, de los cuales resultó una cita, a la que, por supuesto, llevé no una, sino tres wingirls, porque, así como muchos me han contado, la desconfianza siempre está latente, y este día no fue la excepción.

Eliminé esta app, pero empecé a investigar sobre algunas otras y es realmente increíble el mundo de aplicaciones que existen para “encontrar el amor”.

Probé otra más que se llama Inner Circle y también me pasé por la gran competencia de Tinder, Bumble App.

Me llamó la atención cómo cambiaba considerablemente el público en cada una de ellas.

Entonces decidí que quería abrirme al mundo de las apps por completo y, quizá, escribir un día sobre ellas, y acá estoy.

Debo confesar que quería entrar a Tinder nuevamente para ver qué vecino, amigo o conocido se encontraba allí… ¡mentiras! Lo que quería ver era lo que todos entramos a ver. Y bueno, me hice un perfil falso, con fotos de mi hermana, a quien le puse otra edad y otro nombre. Acto seguido le notifiqué que ella era parte activa de Tinder. Nos reímos y ahí me quedé un par de días, hasta que me abrí la cuenta de nuevo.

Transité estos escenarios en un “on and off” porque quería probarme a mí misma lo que siempre había dicho: “son apps para pasar el rato”, “no pasa nada cool”, “la gente en estas apps no aporta, no es interesante”. ¡Mierda! Lo que estaba buscando era opacar un gusto por lo que estaba pasando que, básicamente, era darme cuenta de que estaba llena de un montón de personajes y mundos diferentes con los que, en momentos, terminaba hablando de música, cocina, política, sexo y hasta de la salud de cada uno.

Pregunté a mis cercanos sobre sus experiencias en estas apps y fue interesante ver cómo para todos fue tan diferente. Me encontré con gente que concluyó que no es un buen espacio para entablar relaciones serias y de confianza; me encontré gente que se encontró gente pesada, odiosa, desconfiada (pero en este país es más que entendible); me encontré historias donde surgieron buenas amistades, sexo del bueno, relaciones amorosas que terminaron en noviazgos y, aún más, en matrimonio.

La historia que más me gustó fue la de un amigo francés que, estando en su comodidad europea, decidió abrir el radar de búsqueda, concentrándose en Colombia, y terminó encontrando trabajo; viajó, estudió, camelló, siguió en la app, conoció dos de sus novias, tuvo sexo del bueno y regresó. Concluimos que, entonces, gracias a Tinder indirectamente nos habíamos conocido.

Yo me encontré con gente muy pesada, harta, aburrida, con ínfulas de “Nachos Vidales” que solo hacían más chistosa la situación y hasta incómoda.

Menos mal para esto existe el un-match y sale. Pero también debo decir que conocí un par de personas muy interesantes, respetuosas, talentosas, agradables y buenos conversadores, gente con la que me sigo hablando sin ninguna pretensión y con la que disfruto seguir intercambiando información, y memes, ¡obvio!

De esta experiencia me quedan varias anécdotas, pero sobre todo varias conclusiones.

Estamos en un punto de la vida donde las relaciones se han reducido a otros códigos, a la tecnología como mediador y hasta a una figura de Cupido.

Entendí, experimenté y me convencí de que gente especial hay en todos lados y las apps de citas no son la excepción. También entendí que lo más importante es ser siempre claro con la otra persona, no hay necesidad de mentir, de pretender o de querer caer bien; esto no es un club de amigos, es solo un vehículo de tránsito que permite conocer otros mundos y que en el recorrido hay diez mil universos, unos increíbles, otros pobres, cargados de vainas innecesarias, a los que solo se les da swipe off, and ¡that’s it!

Entendí que estar activo en estas apps no es necesariamente estar en búsqueda de sexo, que si sucede no debe ser por compromiso (como algunas personas me han dicho), sino por convicción. Pero, sobre todo, entendí que hay corazones valiosos, personas que quizá sí queremos tener en nuestras vidas, personas divertidas que, al igual que nosotros, en medio de una pandemia y de una sociedad hostil -y quizá una soledad inadvertida-, entraron con la misma idea: la de ampliar su círculo social, y quizá sentimental.

Tinder, ¡te debo una!

Photo by Alexander Sinn on Unsplash

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