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Seis spots favoritos de París

Si me preguntan “¿bagel o baguette?” yo voy por baguette, si me dicen “Amelie o Carrie” yo escojo Amelie, y si me piden que escoja entre macarrones o cupcakes, yo siempre escogeré macarrones…

La ciudad luz, con sus iluminados monumentos que no terminan nunca, con sus sombras, con su magia, es ese lugar al que yo siempre quiero volver y nunca termino de disfrutar.

Es por eso que, a propósito de un viaje reciente que hice, hoy quiero mostrarles mi selección de 6 spots increíbles de París, que bien valen la pena disfrutar (porque sí, hablo de spots como buena mujer que ama coleccionar fotos, pero estoy absolutamente convencida de que las mejores fotos son las que nos quedan en la memoria… las que tienen olor, sabor… música).

Jardines de las Tullerías

Uno de los espacios que sin duda hay que conocer y disfrutar para poder vivir a París en toda su esencia, son sus enormes y bellísimos parques.

El plan de sentarse en los prados o al lado de las hermosas fuentes a tomar un poco de sol, disfrutar de un buen libro o una tarde con amigos, es un must en la capital francesa.

Los Jardines de las Tullerías son una buena opción para hacerlo, no solo porque se trata de uno de los parques más grandes y concurridos de la ciudad, en el que además encuentras curiosas esculturas que lo adornan, sino porque está ubicado justo entre la plaza de la Concordia y el Museo del Louvre, en un sector céntrico.

Si tienes el tiempo para disfrutarlo, para en un supermercado y compra algo que te guste para comer mientras saboreas ese inigualable paisaje parisino.

Milo de Croton, Pierre Puget

Museo del Louvre

La cantidad y calidad del arte que se encuentra en París es sencillamente sorprendente. Visitar los museos, que son también varios y variados, es un plan que seguro disfrutarás, así nos seas una experta.

En el Museo del Louvre, que es quizá el que podría considerarse “el papá de los museos de arte”, encontrarás varias de las obras más famosas de la humanidad, incluyendo a la joya: la Gioconda, de Leonardo Davinci, pero pasando por muchas otras que tienen un valor incalculable y que, se han convertido en maravillosas reliquias custodiadas por las paredes de lo que en su momento fue uno de los palacios más bellos del mundo antiguo.

Mi recomendación es que escojas un Museo (cualquiera que te llame la atención), y en él un sector o sectores para recorrer con calma. La audioguía es una buena ayuda, pues la habilidad de apreciar las obras de arte es mucho más fácil de adquirir cuando te interesas por entender cómo, porqué y dónde se crearon.  

La Torre Montparnasse

“Un duelo de torres” podría llamarse este spot… Es muy claro que jamás podría haber alguna comparación entre la majestuosa Torre Eiffel y la enorme, pero no tan agraciada Torre Montparnasse. Lo cierto es que de la segunda se pueden sacar unas de las mejores fotos de la primera.

La Torre Montparnasse está situada en un sector empresarial y es una torre de oficinas que, en su último piso tiene un restaurante – mirador sinigual, que ofrece una carta cambiante, en la que se puede apreciar siempre la amplitud de la cocina francesa.

Aunque, para mi gusto, tanto la Torre Eiffel como el resto de la ciudad son más lindas cuando se visten de noche, recomiendo visitar el sitio en el día, cuando los tiempos de atención no son limitados. Disfrutar de un late lunch y una copa de vino, observando la majestuosidad de la llamada Dama de Hierro, escoltada por un París moderno que la adorna atrás, pero más aún, la belleza de una ciudad que se despliega de esa torre como si fuera la cola de un gran vestido.

Basílica Sacre Coeur

La Basílica de Sacré Coeur

Para los devotos y los no devotos… la Basílica del Sagrado Corazón es el segundo monumento religioso más visitado de París, después de Notre Dame.

Se ubica en la punta de la colina de Montmartre y, por ende, tiene una vista privilegiada sobre la ciudad.

Se caracteriza por su blancura y su estilo, bizantino, de tan solo un siglo de antigüedad. Sin embargo, además de apreciar el hermosísimo mosaico del Sagrado Corazón que está instalado en el interior de la Basílica, el plan de visitar este monumento se complementa con la visita al barrio de Montmartre, en donde queda ubicado.

Mi recomendación es ir en horas de la tarde y visitar tranquilamente la Plaza de Tertre, una demostración de porqué este bohemio barrio parisino es considerado como “el barrio de los pintores” uno de los epicentros artísticos de Europa.

Un café junto a retratistas, paisajistas y hasta poetas, te harán conocer una cara amable y diferente de París.

El Tren Azul – Gare de Lyon

Le Train Bleu

Hablar de restaurantes parisinos podría llegar a ser una osada aventura, y lo reconozco de entrada. Primero, no puedo ser un referente para ello, aunque ame -como lo hago- la cocina francesa.

Segundo, el país con los mejores vinos del mundo no puede ser menos que un país de alma y apetito insaciable, cuyo placer nunca termina. Por ello, es difícil categorizar restaurantes en medio de tanta riqueza.

Sin embargo, hay un restaurante que, más que por la carta, me atrevo a reseñar en este listado, por ser un lugar con una estética e historia especial.

El tren azul, situado en la Gare de Lyon (una de las estaciones del tren) en el XI Distrito de París, tiene 120 años de historia y es considerado como una de las construcciones de la Belle Époque mejor conservados de la ciudad.

La Ópera

El Palacio Garnier es uno de los edificios más lindos e imponentes de París y alberga la Academia Nacional de música.

Su belleza exterior, aunque inmensa, es incluso opacada por la interior, por lo que invito a que, si estás pensando en visitar la Ciudad Luz, preveas la posibilidad de asistir a algún evento durante los días de tu estancia, o, en su defecto, una visita guiada por el edificio.

Café de la Paix

Aunque en mi caso fue imposible hacerlo durante mi viaje reciente porque el palacio estaba temporalmente clausurado, es un plan que espero realizar en futuras visitas… por el momento tuve que conformarme con probar uno de los postres más deliciosos que ofrecen los restaurantes franceses -especialmente los parisinos- cuyo nombre, homenaje a este atractivo de la ciudad, es una oda a la gran Ópera de París.

Por último, esperando que les haya gustado esta selección, les dejo un último gran spot (un cunchito) para su deleite: las ventanas de antiguas construcciones, que al abrirse dejan ver las fachadas de enormes edificaciones de arquitectura europea, y dan paso a ese aire fresco de la época otoñal.

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