Hablemos de...Mínima

¿Y el terapeuta para cuándo?

La inequidad pareciera ser un tema de economistas y politólogos, sin embargo, para mí es una ballena parqueada en la sala de todos los hogares en Colombia, y del resto de países “en desarrollo”.

Esta realidad (que se deriva de la pobreza entre algunos otros factores) la percibimos en la cotidianidad, en la falta de oportunidades y en las barreras al acceso de servicios, que se transforman ocasionalmente en protestas, problemas para utilizar los servicios de salud, y también en discriminación, inseguridad y violencia.

Esta realidad es evidente en todas las interacciones diarias, y aunque sabemos que existe, no es un tema en el que se tomen medidas siempre, pero que se va perpetuando para cada colombiano por factores que no dependen de ellos como nivel de ingreso y de educación, la edad o el género, dando como resultado la imposibilidad endémica de conocer o elegir distintos estilos de vida.

La inequidad, como la entiendo, se define como el injusto escenario para el acceso de bienes o servicios entre un grupo y otros.

Las personas de bajos ingresos se encuentran inhabilitadas, ya que no pueden acceder a los mismos bienes o servicios a los que el grupo de ingreso alto si puede.

De acuerdo con la medición del Coeficiente de Gini (índice de desigualdad), que mide la distribución del ingreso entre ricos y pobres de un país, Colombia ocupa el puesto 147 de los países más desiguales con una puntuación de 0,508 (siendo 1 el más desigual, y 0 el que no tiene desigualdad o es equitativo).

Este dato me ronda la cabeza siempre (y desde que estudié tantos conceptos de economía en Londres todavía más), porque entiendo las consecuencias de no garantizar las libertades y el acceso a elementos maravillosos y básicos a toda la sociedad, entre estos el acceso a las herramientas de sanación mental y espiritual que desafortunadamente terminan convirtiéndose en un lujo para algunos, cuando no debería ser así.

Pero ¿Por qué es importante preocuparse por esta ballena en un país como Colombia? Porque a partir de ella se forman sociedades desiguales, enfermas, y grupos rechazados o jerarquizados para siempre; y es que es injusto que unos puedan tener, conocer y lograr unas cosas y otros no, ¿o es los seres humanos no estamos hechos del mismo material y no tenemos derecho a gozar de las mismas libertades?

Cuando volví de Londres entendí que la desigualdad socioeconómica no depende sólo de mí, sino del sistema. Fue entonces cuando busqué una forma de hacer más asequibles herramientas de sanación mental y espiritual que conocía, ya que pensaba que si a mí, que tengo un salario, me sale caro el terapeuta, y mantengo un buen nivel de salud mental y espiritual, a las personas de bajos recursos (que son la mayoría de nuestra sociedad), quienes viven buscando el diario y seguramente estresadas, tener como objetivo sanar y tratarse emocionalmente no estaría en su primer renglón de la lista de prioridades.

Fue así cómo encontré que la inequidad no es sólo económica o social, si no espiritual. No sé si está ligada exclusivamente a alguna de las variables mencionadas, pero decidí nombrarla para que exista, porque es algo en lo que, ni el gobierno en sus políticas públicas tiene priorizado realmente, y que nosotros como ciudadanos no hemos puesto como un punto prioritario en la agenda social.

Mucho se habla de la desigualdad social y económica, pero nunca de la desigualdad espiritual que también existe (tenemos el derecho a crecer física y materialmente sanos, pero espiritualmente también) y, aunque se nos olvide este aspecto, también hace parte de nuestro desarrollo integral como individuos.

El acceso a herramientas que ayuden a nuestros adultos, niños y niñas a mantener un estado espiritual equilibrado debería estar garantizado. Sin embargo, hay que decirlo, en Colombia es un lujo de las personas con altos ingresos y de los colegios privados, generalmente.

¿Cuándo ha visto usted la clase de meditación como parte del pensum de un colegio público?, ¿Cuándo menciona alguien de escasos o pocos recursos que tiene cita con el psicólogo de la EPS, o piden permiso en sus empresas porque debe ir al homeópata a hacerse Reiki o algo parecido?

No sé si todos debamos ir al terapeuta, cada uno sabrá. Pero si me preguntan, yo creo que sí.

Especialmente luego de la pandemia, situación que nos puso a todos al paredón, nos retó, y a muchos los metió en su casa a hablar con sus demonios sin poder huir… a otros, por la inequidad y desigualdad social, les tocó más difícil, y a pesar del desespero y de recibir algunas ayudas del gobierno, también tuvieron que salir a buscar ingresos para sobrevivir los días de inactividad económica.

Todos, sin excepción (repito, sin excepción), tenemos algo que sanar, algo que nos molesta y limita, porque somos seres humanos aprendiendo a vivir. Lo justo sería que todos pudiéramos elegir el cómo, cuándo y, si se quiere, la herramienta para hacerlo, sin que el motivo fuera el no poder tener acceso.

Por esa razón creamos, junto con mi socia, Eloah Espiritual, un emprendimiento en el que buscamos brindar, a través de herramientas sencillas, un mayor acceso a todos los que quieran conocer, conectarse y aprender a trabajar en su desarrollo emocional y espiritual.

También encontré otras iniciativas que están pensando como yo, como el programa Respira, que trabaja el “mindfulness” en colegios públicos, un método de respiración consciente que enseña a estar conectado con el presente y que tiene efectos positivos en la concentración, en el aprendizaje y el relacionamiento.

El mindfulness es una técnica milenaria, traída de Oriente, y por la que afortunadamente no hay que pagar. Para acceder a ella solo se necesita que los que saben quieran enseñarla (como lo hacen Mathias y Paula, quienes se encontraron en una Conferencia de Mindfulness en Europa y decidieron unir fuerzas para crear el programa en los colegios públicos de Tumaco, Bosa y Engativá).

Por otro lado, la iniciativa Busca tu paz brinda sesiones gratuitas para usuarios que sientan que requieren terapia. Esta surgió para alivianar, a quienes lo necesiten, de los traumatismos de salud mental, exacerbados con la pandemia. Esta plataforma reúne a terapeutas dispuestos a ayudar y a potenciales usuarios que no puedan pagar estos servicios pero que sienten que los requieren. Solo se necesita conexión a internet e inscribirse.

Mi invitación con este texto es a posicionar este tema como parte de la agenda pública y la política social del gobierno, en los grupos de padres, amigos, y hasta en los partidos políticos del país, pero también a empezar a ser conscientes de que, así como podemos realizar donaciones de comida, elementos de aseo, etc., otra forma de ayudar es brindar apoyo con herramientas de sanación o apoyo emocional para aquellos que lo requieran, pero no tengan ingresos para ello.

Una sociedad desarrollada no se mide solo por el ingreso per cápita alto, sino por su nivel de madurez espiritual y mental.

Es importante que seamos sanos y para esto se debe procurar el acceso al desarrollo emocional y espiritual. No estoy diciendo que mi homeópata, mi consteladora familiar o mi terapeuta de ángeles tengan que dar sesiones gratis, ya que ellos se han preparado para esto y sus terapias tienen un valor económico, pero si podríamos pensar en brindar nuevos espacios o elementos para quienes no pueden acceder a ellos.

Creo que este derecho a poder disponer de las herramientas de sanación mental y espiritual es urgente, ya que previene la violencia y disminuye la desigualdad… si aportamos a que todos puedan tener acceso, no tendremos que vivir los traumas de la pandemia, el conflicto armado y la pobreza a nivel emocional solos y sin la posibilidad de sanar emocionalmente TODOS.

Y entonces… ¿el terapeuta, para cuándo?

Photo by Kristina Tripkovic on Unsplash

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