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¿Y todos esos arcoíris?

arcoíris dibujo

“¿Mamá, por qué tantos arcoíris en todas partes?”. Esta fue la pregunta de uno de mis gemelos de seis años, mientras que estábamos comprando algunas cosas en una tienda.

En búsqueda de una respuesta profunda, lo más rápido que se vino a mi cabeza fue decirles que, así como papá y mamá se habían enamorado el uno del otro -siendo él hombre y yo mujer-, había personas que se enamoraban de otra forma: algunas mujeres se enamoraban de otras mujeres y algunos hombres se enamoraban de otros hombres; “lo que realmente importa es que el amor es simplemente el amor”, dije.

Habiendo terminado mi elaborado micro discurso, con mucho orgullo les volteé a mirar, y lo que me encontré fue dos caras de desconcierto, por lo que les pregunté, de forma algo condescendiente, si me habían entendido.

Con un poco de suficiencia, mis hijos simplemente respondieron: “no sé qué crees qué no entendemos. La pregunta es sobre los arcoíris”. 

Fue ahí cuando me di cuenta de que su pregunta era absolutamente literal, y que yo me estaba matando por explicarles un trasfondo que iba a ser imposible de exponer, contemplando su edad, y el escenario -en medio de una tienda, con artículos congelados en el carrito de la compra-.

Claramente la que no había entendido, había sido yo.

De ojo abierto de par en par, hice un análisis rápido de la situación, sabiendo que estaba siendo observada con detenimiento, llegando a las siguientes conclusiones: primero, me di cuenta de que, para ellos, era claro que el amor es el amor, independientemente de quién viniera, y de a quién se ofreciera; punto a mi favor, o al suyo, más bien. Segundo, era difícil de creer que les costara tan poco entender esto, cuando aún hay tantos adultos que se rehúsan vehementemente a hacerlo; otro punto a su favor. Tercero, mi tarea, ahora, era la de seguir recordándoles esta premisa sobre el amor a través del tiempo, aprovechando los pocos años que me quedan de atención dedicada de su parte; tarea fácil, espero. Cuarto, finalmente me di cuenta de que, aun considerándome una aliada histórica de la causa LGBTQ+, mis vacíos actuales sobre sus orígenes, y las nuevas realidades de esta misma, eran innegables.

La verdad era que, enfrente de mis hijos, no tenía ni una brizna de claridad sobre la razón de todas las “nuevas” banderas que representan los derechos, o la identidad de estos colectivos, entre muchas cosas más. Este era solo el origen de mi ignorancia sobre el tema, y la maternidad me estaba pidiendo actualizar mi conocimiento sobre esta causa.

Con el ánimo de tener tiempo para reeducarme, salí del apuro respondiéndoles a mis hijos que era una historia muy larga que algún día les contaría con detalle, preguntándoles en seguida si querían helado; punto para mí.

Cuando digo que soy una abanderada de la comunidad LGBTQ+, realmente lo creo así.

En el año 2009, y a falta de mi papá, mientras que sonaba la canción “Somebody Loved”, de The Weepies, me encontraba caminando hacia el altar de la mano del hombre que me entregaría en matrimonio, mi mejor amigo, David. En el altar me esperaba el que es hoy mi marido, junto a mi otro adorado amigo, también llamado David, quien iba a ser la persona a cargo de oficiar la ceremonia.

Ambos -Davids- eran pareja de muchos años, y aparte de ser personas muy importantes en mi vida, su participación en nuestra boda dejaba en manifiesto que, efectivamente, amor es amor.

Me siento bastante cómoda al decir que mi familia siempre fue amigable y abierta, frente al amor homosexual. En mi casa siempre se habló del tema sin tapujos, aun cuando mi padre era un hombre nacido en plena guerra civil española, habiendo crecido en una España franquista, leal a sus tres pilares: “Ejercito, Iglesia y un partido único”, en donde no había cabida -al menos de puertas hacia afuera-, para la homosexualidad.

En contra de todo pronóstico, tanto mi papá, como mi mamá, una colombiana de corte mucho más liberal, pero con un padre suficientemente conservador, tenían amigos homosexuales a los que querían y respetaban mucho.

Por mi parte, tanto mi marido como yo hemos celebrado en las fiestas del orgullo LGTBQ+, juntos, y por separado, y nuestras amistades -individuales y de pareja- son bastante diversas, en cuanto a lo que orientación sexual se refiere.

Madrid, Junio de 2015

Finalmente, mis dos hijos -siendo aun bebés- participaron felizmente (solo hay que ver la foto), de las celebraciones LGTBQ+, en Madrid, en junio 2015, en donde todos y todas las marchantes, se los pasaban de mano en mano, pinchándoles sus rojos cachetes.

De nuevo, siempre he estado orgullosa de ser una aliada activa de la comunidad LGBTQ+, y el episodio de la tienda, solo me hizo percatarme de que mis vacíos debían ser atendidos prontamente, ya que les debía una historia a mis hijos; una historia que debía ser bien contada, de modo de ellos tuvieran el mismo ejemplo que tuve yo, en casa de mis padres.

Es por este motivo, que decidí embocarme a leer más sobre este tema, y a resumir cinco cosas nuevas que aprendí en estas dos últimas semanas de investigación. Aquí voy:

  1. PRIDE

La celebración mundialmente conocida como PRIDE, no solo lleva este nombre por su significado en inglés (orgullo), sino por el acrónimo de Personal Rights in Defense Education, una organización que comenzó en 1966, y que abogaba a favor de los derechos de la población LGBTQ+, en California, Estados Unidos.

El objetivo de PRIDE era salir a las calles y enfrentarse a la oposición con manifestaciones ruidosas, así como con acciones políticas concretas, en contraposición a los enfoques conservadores, y mayoritariamente hostiles, que primaban en las sociedades predecesoras.

2. EVELYN HOOKER

Hasta 1973, la homosexualidad fue catalogada oficialmente como trastorno mental por la Asociación Americana de Psiquiatría (American Psyquiatric Association – APA) y lo que hay son historias para contar sobre esta organización que, en mi opinión, es en gran parte responsable, junto con las poderosas farmacéuticas, de que haya una tendencia clara a la “sobre medicalización”, y, por ende, a la farmacodependencia de muchas personas con ciertos trastornos mentales en los Estados Unidos. 

Dicho esto, una de las personas que logró acallar estas aserciones por parte de la APA fue la psicóloga Evelyn Hooker, en 1965, con su investigación The Adjustment of the Male Overt Homosexual[1] (La Adaptación del Hombre Abiertamente Homosexual). Este documento logró demostrar, de forma general, que los homosexuales no tenían una adaptación social diferente al del resto de la población, como se creía, por lo que sus preferencias sexuales no tenían nada que ver con alguna condición mental.

Hooker fue considerada una heroína por parte de la comunidad homosexual, y gracias a su aporte, y a muchos más estudios que le siguieron, veinte años más tarde la homosexualidad fue retirada del Manual Diagnóstico de los Trastornos Mentales (Diagnostic and Statistical Manual, DSM). 

3. ADICIONES A LA SIGLA LGBTQ+

Pareciera que la sigla LGBTQ+ no para de crecer, y por más que pueda resultar un reto recordar el significado de cada una de sus letras, y de que muchos y muchas piensen que “ya es tontería tanta letrita”, el simple hecho de que esté creciendo, es sinónimo de inclusión. Punto para tod@s. 

La sigla como tal, significa lesbiana, gay, bisexual, transgénero, queer (o en proceso de averiguarlo), y otras, representado por el símbolo de sumatoria.

4. SEXO, GENERO E IDENTIDAD

Siento ahora que, por muchos años, las conversaciones con mis amigos gays y mis amigas lesbianas giraron alrededor de su orientación sexual y de sus relaciones, restándole importancia al tema de su identidad. Pocas veces hablamos de esto, y ahora me arrepiento. He debido preguntar más y, sobre todo, escuchar más.

Esta semana aprendí sobre cómo el sexo, el género y la identidad de género están relacionados, pero componen diferentes partes de una persona.

El sexo es una etiqueta de la cual informa, generalmente, un médico, basado en la anatomía y la fisiología genital, así como en los genes y en las hormonas con las que la persona nace.  Ej. Tiene pene, es un niño.

El género es un término técnico especifico de las ciencias sociales y dice – en relación con- cómo la sociedad entiende que debemos actuar o comportarnos, con base en nuestro género. Ej. Las niñas tienden a ser más delicadas que los niños.

La identidad de género es un concepto individual y personal que indica con qué género se identifica una persona, independientemente del sexo asignado al nacer. Ej. Nací mujer, pero me identifico como hombre, por ende, disfruto vistiéndome con ropa tradicionalmente masculina, y, además, me siento atraída a las mujeres.

Esta persona podría identificarse como transgénero, pero no todas las personas que se identifican con otro género se sienten atraídos por su contraparte. Ej. Nací mujer, pero me identifico como hombre, por ende, disfruto vistiéndome con ropa tradicionalmente masculina, PERO, me gustan los hombres. De la misma forma, esta persona también podría considerar ser transgénero, ya que, de nuevo, no se identifica con roles femeninos o masculinos estrictos.

Las personas que no se sienten ni más ni menos atraídas por su lado femenino, ni masculino, se autodenominan “genderqueer” (género queer).

Y finalmente, el último término sobre el que pude leer más a fondo es el de la intersexualidad. Intersexual es un término general que describe a los cuerpos que quedan por fuera del binario estricto (masculino/femenino), algunas veces a causa de condiciones genéticas u hormonales, que se manifiestan a través de corporalidades diversas.

Todas estas identidades de género tienen hoy en día su bandera. Si quieren conocer cuáles son sus atribuciones, les recomiendo el siguiente enlace, en inglés, ya que no logré conseguir uno actualizado en español: https://www.rd.com/list/lgbtq-flags/

5. El MISGENDERING

Para comenzar, no logré encontrar una palabra en español que se adecuara al significado de esta misma en inglés, por eso me remito a su definición en esta lengua.

Esta expresión es un anglicismo, cuya traducción literal significa: equivocarse en la asignación verbal de género. El contexto en el que esto puede suceder es, por ejemplo, cuando le asignamos un género, de forma incorrecta, a una persona, al hablar con ella, o a referirnos a ella. Esto se traduce en utilizar pronombres incorrectos y/o terminaciones con connotación de género incorrectas.

Esto nos puede suceder a cualquiera y lo clave aquí es tener empatía, corregir el error, pero lo más importante, pedirle a la persona más explicación sobre el tema, de modo de que podamos entender porqué y de qué forma podemos ser más sensibles en estas situaciones

Siento que me queda faltando, pero creo que estas fueron las cinco cosas que más me ilustraron en estas dos semanas, y la verdad es que ahora me siento mucho más equipada de información y con más solidaridad por esta comunidad resiliente y determinada, que está en constante evolución.

Quiero terminar este artículo pidiendo disculpas de antemano por los errores que muy seguramente cometí al escribir este texto. Luego de estos últimos quince días, quiero pensar que soy un “trabajo en progreso” en lo que a estos temas se refiere.

Tengo que añadir que, si mis hijos no me hubieran hecho reflexionar sobre esto -así fuera sin querer-, la pereza que viene con los años hubiera sacado lo peor de mí y nunca me hubiera tomado el tiempo de educarme adecuadamente sobre el tema.

Esta historia, como casi todas, termina ayudándome a conocerme mejor, ya que, después de leer un montón, aprendí más sobre mis propias preferencias sexuales. Muy a mis 46 años, ahora sé que soy tanto demisexual como sapiosexual. Ahí les dejo la noticia.

Para terminar, no podría cerrar este texto sin una moraleja apropiada para este mes de orgullo LGBTQ+: Saquémosle brillo a nuestra empatía; hagamos sentir a las personas LGBTQ+ como parte de un todo; seamos los padres que hubiésemos querido tener en algún momento confuso de nuestras vidas; avivemos nuestra escucha activa, ya que si no lo hacemos, nuestros hijos o, en general, las generaciones venideras, nos lo cobrarán con creces, y entonces nos convertiremos en esas señoras y señores “de bien” a los que vemos hoy, aferrados a sus anticuadas creencias y alimentándose a dos manos del cancerígeno “qué dirán?”.

Al fin y al cabo, un esfuerzo por ofrecer empatía a alguien que se siente diferente o atribuirle a una persona “la etiqueta” de identidad que realmente la representa, no nos quita nada, pero sí le puede cambiar la vida a ella y hasta al café que nos tomamos cada mañana. O, si esto de las etiquetas “no es tan importante”, ¿marcaría usted su tarrito de sal con un rótulo que dice azúcar?

Photo by Sharon McCutcheon on Unsplash


[1] Hooker, E. (1957). The adjustment of the male overt homosexual. Journal of Projective Techniques, 21, 18–31. https://doi.org/10.1080/08853126.1957.10380742

[2] “Misgender.” Merriam-Webster.com Dictionary, Merriam-Webster, https://www.merriam-webster.com/dictionary/misgender. Accessed 9 Jun. 2021.

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